El frente unido y dividido de nosotros y los otros

El frente unido y dividido de nosotros y los otros
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foto de pr.Indymedia.org

Quizás hubo un barrio alguna vez llamado Moriviví compuesto de diez solares de una finca segregada por repartición de herencia hace casi ochenta años. Hubo un pleito entre herederxs a principios de esta historia porque hacía falta un camino ancho público adecuado para que cada solar tuviera entrada y salida sin que nadie fuera dueñx o prohibiera a su gusto el tránsito de vehículos y habitantes y visitantes por la vía vecinal. El pleito fue muy complejo porque de cada familia se requería una parte del dinero necesario para lograr el proyecto. Unxs decían que no tenían y lxs otrxs se quejaban porque aquellxs no pagaban y el trabajo voluntario de esfuerzo comunitario no resultó igualitario pero el camino se hizo más lento que a la ligera y cuando ya estuvo listo le llamaron carretera y se quedaron pendientes cuentos a regañadientes de lxs que menos hicieron y lxs que más cooperaron.

Se complicaron las parentelas con matrimonios con adopciones y con divorcios y emigraciones y unos solares fueron vendidos y así adquiridos por gente extraña unxs de buenas y malas mañas y otros solares se repartieron entre lxs hijxs que construyeron nuevos hogares al mismo lado de familiares y se mezclaron los apellidos y se amigaron desconocidos y enemistaron los conocidos y pasó el tiempo y hubo más gente y envejecieron lxs fundadorxs y aparecieron acreedorxs que reclamaron a lxs deudorxs y lo que importa es que hubo cruces de antigüedades y enemistades y de cariños y de negocios y de emergencias y de añoranzas.

Los años trajeron las situaciones de ayudas mutuas y agrias disputas y así se consolidaron unas alianzas y otras distancias entre vecinxs. Hubo violencias domésticas y hubo negocios de narcotráficos y entre lxs católicxs leales se avecindaron pentecostales y hubo concubinatos y chillerías y un par de santos y un par de locas y una señora vendía pasteles y había un barbero de marquesina.

Luego más herederxs envejecieron y se murieron y los nuevos herederos pleitos y herencias tuvieron y hubo más emigrantes y vecinos circundantes y las historias de fundaciones se complicaron con confusiones y la memoria comunitaria fue selectiva y un tanto esquiva. Sobrevivieron unos solares cuyos hogares de familiares seguían usando el mismo apellido pero lo que se dio mucho más seguido fueron las fragmentaciones de nuevas segregaciones y hubo familias contentas pero también compraventas de modo que entre lxs que en Moriviví vivían abundaban lxs que apenas se conocían y los que apenas se saludaban. Había verjas enteras de cementos y maderas otras de telas metálicas y muchas de alambres de púas. Entonces la cotidianidad de la crecida comunidad se estremeció de mala noticia.

Allí en la finca contigua a la barriada ya antigua llegaron agrimensores ingenieros y señores y obreros trabajadores y pusieron una cerca de cinco pelos de alambre y de espeques de cemento. Pronto todos los mirones y también los preguntones vieron llegar los camiones de materiales de construcciones y vieron hacer ranchones anchos largos de dos aguas y vieron tanques gigantes como invertidas botellas y no se trataba de finca agrícola: había llegado la granja avícola y desde afuera gente extranjera que eran los dueños de la pollera.

Los funcionarios del municipio no contestaron en un principio pero luego lo admitieron: ellos mismos concedieron los permisos necesarios en trámites ordinarios la empresa vino a quedarse de nada vale quejarse y pronto pondremos acera y arreglaremos la carretera. Llegaron las jaulas llenas de pollitos o quizás pollitas aves chiquititas pero pronto surgió embrollo de tufo a mierda de pollo y aquello era insoportable detestable irresponsable y así creció el comentario entre la gente del barrio y la molesta incomodidad llevó a protesta de enfermedad con mucha pena y ninguna gloria hubo epidemia respiratoria. La empresa contrató empleados de la vecindad y contrarrestó con publicidad.

Hoy las polleras no existen. Yo no puedo detallar aquel duro batallar pero la barriada entera tuvo que hacer su bandera tejiendo alambre de púas para enfrentarse a las grúas o sanando divisiones para alcanzar cohesiones. Si no hay bandera unitaria para la gente gregaria nos podemos dividir cuando es mejor resistir. Yo aquí no soy consejero quizás soy más bembetero pero allí en el Barrio Obrero la gente lucha en el año para que draguen el Caño. Y hay que tejer la bandera con la protesta plenera: hay que ser moriviví/ y picante como ají/ para ganar esta lucha/ del pueblo que vive aquí.


Sobre Ramón López
Ramón López


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