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Ancianos en el centro Esperanza para la Vejez en San Germán.

Durante su segundo año de bachillerato en Administración de Empresas, Carmen Flores conoció por primera vez a la organización Esperanza para la Vejez. Mientras descansaba en el centro de estudiantes de la Universidad Interamericana en San Germán, fijó su mirada sobre una oferta de empleo que colgaba junto a otros tantos papeles. “¿Te gustaría trabajar con los envejecientes cuatro horas al día?”, leía el anuncio. Carmen, ahora con 67 años, no lo pensó dos veces.

Desde ese entonces, han pasado 47 años y Carmen continúa ofreciendo una mejor calidad de vida a los 260 ancianos a los que se les brindan servicios de nutrición en la organización Esperanza para la Vejez, en San Germán.

De ser coordinadora del programa, Carmen pasó a ser la directora de la entidad sin fines de lucro, dirigida a ofrecer tres comidas nutritivas al día, servicios de transportación, servicios de salud, trabajo social, recreación y educación a los envejecientes en los distintos sectores del municipio y áreas limítrofes.

“En Esperanza para la Vejez empezamos desde cero. Recuerdo que yo hacía la labor como si fuera trabajadora social. Iba hasta los hogares de los ancianos para buscarles medicamentos y hacer todo lo relacionado al área de salud, socialización y nutrición. Éramos tres empleados solamente. La organización siguió evolucionando y fue adquiriendo más personal. Ahora sobre 14 personas trabajan en este centro. Además, se adquirió un terreno para hacer un edificio que costó $300,000. En esa estructura, tenemos espacios recreativos para generar actividades para la comunidad de envejecientes”, explicó Carmen a PRTQ. 

Con el pasar de los años, Carmen ha sido testigo del incremento de envejecientes faltos de atención y cuidado por parte de sus familiares. Según confirmó la directora del programa, sobre el 90 por ciento de las personas de tercera edad que llegan hasta el centro, se encuentran sin el apoyo de la familia y demuestran señales de depresión ante los días de soledad que les ha tocado vivir. Además, los alimentos que reciben a mano de la organización, en la mayor parte de los casos, son el único alimento que reciben durante el día.

Sin embargo, el calor que reciben en Esperanza para la Vejez los llena de fuerzas y energías que transforman su manera de ver la vida. “Ellos dicen que este es su hogar. Que ellos ahí han vuelto a nacer. Se sienten queridos y no se sienten abandonados”, aseguró Carmen. 

Carmen recordó uno de los casos de maltrato donde la organización tuvo que tomar acción. Al citar a los familiares del envejeciente, que se beneficiaba de los servicios de Esperanza para la Vejez, se demostró que la hija dejaba al anciano sentado por horas en una misma silla mientras esta trabajaba en su oficina. Luego de varias intervenciones por parte de la entidad, la familia llegó a un acuerdo para cuidar del envejeciente.

En un día normal, al centro pueden llegar hasta 100 viejitos, entre 60 a 100 años, en busca de servicios nutritivos, educativos y recreacional. También, la organización se encarga de llevar las tres comidas básicas del día hasta los hogares de 160 envejecientes.

“Las cosas positivas que vivo día a día en el centro es ver cómo ellos se restablecen y se sienten más felices. Porque nosotros los vemos llegar en condiciones infrahumanas, tristes, enfermos y bajo peso. Luego de terapias y mucho amor, ellos van restableciéndose y cambiando. El cambio tu lo observas a tal nivel que hasta crees que ellos no padecen de nada”, señaló la directora del programa.

Esperanza para la Vejez sufre los estragos de la crisis

El limbo en el que se encuentran los fondos legislativos dirigidos a las organizaciones sin fines de lucro en la Isla, han trastocado el funcionamiento y los servicios que ofrece la organización a la comunidad de envejecientes.

“Cuando nos bajan los fondos me da tanta tristeza. Uno se preocupa porque la población de la tercera edad va creciendo cada día. ¿Cómo vamos a lidiar con eso? ¿Cómo vamos a hacer las compras para darle los servicios a los ancianos? Pero seguimos para adelante porque a la comunidad de envejecientes hay que atenderla”, afirmó Carmen.

Hace algunos años, Esperanza para la Vejez, establecida hace 50 años, contaba con 13 centros alrededor de la Isla. Ante la crisis y los recortes, la entidad tuvo que cerrar siete de sus programas para el mes de marzo de este año. Además, la administración tuvo que bajar horas de trabajo y entablar diálogos con la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) para extender el plazo de pago y poder continuar con el servicio de luz en el centro. 

Sobre los recortes al sistema de salud Medicare, Medicare Advantage y Medicaid, la directora narró a PRTQ los diferentes malos ratos que han pasado los envejecientes con sus planes médicos. Por dar un ejemplo, uno de los ancianos que recibe los servicios de Esperanza para la Vejez, todavía no ha recibido la aprobación del plan médico para realizarse el MRI que el doctor le recomendó con caracter de urgencia.

La directora de la organización también le confirmó a PRTQ que la población de envejecientes está confundida ante tantos cambios que se avesinan en el sistema de salud. “Estos cambios afectan a los envejecientes física y emocionalmente…El Gobierno tiene que darle mayor atención a las entidades que le dan servicios a los ancianos. Cada día hay mas viejos y más familiares que no pueden atenderlos. Ellos necesitan sus beneficios y nosotros necesitamos que no nos corten los fondos. Porque sino, ¿cómo le vamos a dar servicio a los que verdaderamente necesitan?”, concluyó Carmen.

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