8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora: a propósito de una reflexión pertinente

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora: a propósito de una reflexión pertinente

Se conmemoró unos días atrás el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Insistimos en el calificativo de “mujer trabajadora” para ir a contracorriente del significado que se le ha pretendido dar por gobiernos y sectores de clase que insisten en eliminar de la fecha su contenido de lucha contra el capital, la opresión y las diversas manifestaciones de discrimen contra la mujer.

Ya desde los albores de la Revolución Francesa, la reivindicación de los derechos de la mujer, se vinculaba con la afirmación de aquella revolución anti monárquica y ciertamente anti clerical, donde se reivindicaban las obligaciones del Estado hacia sus ciudadanos, incluyendo derechos que también constituían reivindicaciones para la mujer. Así las cosas, siguiendo el molde establecido el 16 de agosto de 1789 por la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre” se consignaba también la “Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” de 1791. En ella, las mujeres hacían suyo similares derechos a los que años antes se habían proclamado para los hombres la Declaración de 1789.

Los hechos que nos vinculan hoy con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos remiten al 8 de marzo de 1857 cuando en las calles de la ciudad de Nueva York, miles de mujeres obreras bajo el lema de “pan y rosas”, protestaron por las condiciones de trabajo prevalecientes; reclamaron la reducción de la jornada de trabajo, para entonces en promedio entre 10 a 12 horas diarias; y exigieron el fin  del trabajo infantil.

Nos dice el Boletín publicado por  la organización Puertorriqueña de la Mujer Trabajadora (OPMT) de marzo de 2023, al referirse al por qué conmemoramos este 8 de marzo, que en aquella ocasión fallecieron 127 mujeres, “cuando la policía disparó tratando de dispersar la manifestación.” Se trata, pues, esta conmemoración del cómo mantener vivo el reclamo de la mujer como parte de la clase trabajadora. Se trata de imprimirle una perspectiva a esta fecha, distinta a cómo, desde ciertas zonas de confort en actividades gubernamentales y sociales la conmemoran otras mujeres; aquellas que ajenas en su vida cotidiana, en nada comparten las penurias que representa el trabajo asalariado  para la mujer trabajadora.

Otro evento que nos vincula con las luchas de las mujeres por derechos como trabajadoras, fueron los terribles sucesos acaecidos una vez más en la ciudad de Nueva York el 25 de marzo de 1911. Entonces, en una fábrica de camisetas de nombre Triangle Shirtwaist, se desata un incendio a partir de que en un cesto lleno de desperdicios que no había sido recogido en dos meses, se lanza la colilla de un cigarrillo. El fuego en el edificio provoca la muerte de 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría en edades entre los 14 y 23 años. Para entonces, era una práctica de parte de los patronos, en este tipo de establecimientos, cerrar las puertas de las áreas de trabajo, las escaleras y las salidas bajo la premisa de evitar el hurto de materiales. El incendio provocó que desde los pisos 8, 9 y 10, decenas de trabajadoras y trabajadores optaran por lanzarse al vacío, muchas de ellas ya con grandes quemaduras en su cuerpo, mientras otras que permanecieron dentro de la edificación murieron de quemaduras y asfixia.

Ya para el 28 de febrero de 1909 se proclamó en actos celebrados en algunas localidades de los Estados Unidos el “Día de la Mujer”. En 1910, sin embargo, en ocasión de la celebración en Copenhague, Dinamarca, de la “Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas”, con la participación de más de cien mujeres de 17 países, a propuesta de la dirigente socialista Clara Zetkin, se proclama el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En este congreso también participó la dirigente comunista alemana, Rosa Luxemburgo.

Al año siguiente, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza se estaría conmemorando el primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora en el cual, además de las reivindicaciones económicas y laborales de las mujeres, se sumarían reivindicaciones en torno al derecho al voto para las mujeres; el derecho a éstas ocupar puestos públicos; la formación profesional y el acceso a la educación de la mujer; y la no discriminación por razón de género.

El Partido Socialista de los Estados Unidos adoptó el 28 de febrero de 1913 la fecha del 8 de marzo, mientras más adelante, tras la Revolución Rusa de 1917 de adopta también en dicho país la conmemoración de ésta como Día de la Mujer Trabajadora. China haría lo propio en 1922, mientras la España republicana en 1939 daría también un paso adelante en este propósito.

En Puerto Rico, desde comienzos del Siglo XX, también las mujeres obreras forman parte de ese caudal de lucha y militancia para impulsar derechos y reivindicaciones para las mujeres.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el reclamo de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos y la proclamación del 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora continuó su avance. Se fue ampliando incluso el uso distintivo del color morado como parte de sus expresión, color retomado de aquel utilizado por las mujeres sufragistas inglesas en sus luchas de comienzo de siglo 20.

Las luchas desarrolladas por las mujeres dieron pie a importantes piezas legislativas a escala global atendiendo no sólo aspectos relacionados con las relaciones obrero patronales, sino además, importantes protecciones para enfrentar y combatir toda una estructura de valores y conceptos de corte patriarcales, dirigidas a formar una perspectiva igualitaria en derechos y obligaciones entre ambos sexos. En este forcejeo se enfrentarían estos cambios a concepciones promovidas y defendidas no sólo las iglesias y corrientes religiosas, sino también, por las estructuras económicas sobre las cuales se han asentado por siglos las clases dominantes; aquellas que fomentan y defienden una cultura de discrimen y opresión hacia la mujer a la par que pretenden hacer eternos sus privilegios.

En este choque de visiones, tampoco Puerto Rico ha estado al margen. Lo hemos visto en años recientes en el debate sobre la educación con perspectiva de género; en el tema de los derechos reproductivos de la mujer y su intimidad; en la igualdad de derechos y obligaciones entre el hombre y la mujer; en el rechazo a la cultura de violencia sobre la mujer, tan aceptada o tolerada por importantes sectores de nuestra población; y en el discurso fundamentalista religioso que permite o fomenta el discrimen o la supeditación de la mujer al hombre.

La lucha desarrollada desde distintos frentes y con una multiplicidad de formas de lucha, llevó al reclamo ante la Organización de las Naciones Unidas del reconocimiento a la mujer trabajadora y sus luchas.

El 18 de diciembre de 1972 se adoptó la Resolución 3010 (XVII). En ella, se reconoce que el 24 de febrero de 1947 la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer había sesionado en Nueva York, indicando que ya había pasado tiempo suficiente para conocer los resultados obtenidos, nada menos que 25 años; reconociendo, además, las “finalidades y principios, de la Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer” que había sido aprobada por la Asamblea General en su Resolución 2263 (XXII) de 7 de noviembre de 1967; reconociendo la importancia de reforzar el principio de igualdad entre hombres y mujeres; reclamando que, como parte de la Resolución 2626 sobre el segundo decenio de la ONU, se incluía “el estímulo de la plena integración de la mujer en la totalidad del esfuerzo en favor del desarrollo; y en consideración a lo establecido en la Resolución 2717 (XXV) de 15 de diciembre de 1970”, donde se proclama el Año 1975 como “Año Internacional de la Mujer”.

En consecuencia a lo anterior, en su parte dispositiva, se convoca a promover la igualdad entre hombres y mujeres; la integración plena de la mujer en el pleno desarrollo destacando su papel en el progreso económico, social y cultural; sus aportaciones en el plano de las “relaciones de amistad, y de la cooperación entre los diferentes Estados y el fortalecimiento de la paz mundial; y ratificar el Convenio de 1951, aprobado por Conferencia Internacional del Trabajo, para la igualdad en la remuneración con respecto al hombre.

Nótese como el elemento de “clase social” ya comienza a disiparse como hace la niebla en la medida que avanza la mañana, en este pronunciamiento.

En 1977 se adopta por las Naciones Unidas el 8 de marzo como fecha para proclamar el “Día Internacional de la Mujer”. El día 3 de septiembre de 1981, también bajo los auspicios de la ONU, entró en vigor la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.”

Cada año en ocasión de este día, la ONU convoca bajo consignas distintas, la conmemoración de esta fecha. Este año 2023 el lema ha sido “Por un mundo digital inclusivo: Innovación y Tecnología para la igualdad de género”.

Desde los movimientos sociales, y en particular desde los movimientos feministas, el énfasis en la conmemoración ha sido no perder la perspectiva del componente de clase y lucha social reivindicativa que entraña la fecha.

En Puerto Rico, para este 8 de marzo de 2023, las organizaciones feministas hicieron un llamado a la militancia bajo el lema de “Justicia de las Mujeres es Justicia Verde”, significando en ello la manera en que los inversionistas y desarrolladores violentan políticas y leyes ambientales; los daños a nuestros recursos naturales; la contaminación del aire, los terrenos, el subsuelo; y los desplazamientos de la comunidades pobres y desaventajadas.

Dentro de sus consignas, también se reclamó la despenalización del aborto y el derecho de las mujeres a la terminación del embarazo de forma segura; a la toma de decisiones por parte de las mujeres sobre su propio cuerpo; y al rechazo a concepciones fundamentalistas y conservadoras que fomentan la sujeción de la mujer a concepciones ajenas a sus mejores intereses.

Entre las demandas planteadas se encuentran  el reclamo de una educación con una perspectiva de género, transversal  e interseccional donde se enlacen los reclamos sobre combatir la pobreza, el acceso a la energía eléctrica como un derecho humano, la sostenibilidad alimentaria, y el rechazo a la corrupción gubernamental; el derecho a la salud y al cuido; el acceso a la educación y la vivienda; la lucha contra el desplazamiento de las comunidades pobres; la defensa de los derechos reproductivos; la lucha contra la discriminación racial, la exclusión social y el rechazo a la violencia hacia y el discrimen contra la comunidad LGBTIQ+. Forma parte también de la lucha feminista garantizar la designación de la nueva Procuradora de la Mujer, a partir de la designación de una mujer que articule y recoja en sus ejecutorias, como mínimo, el programa de lucha antes mencionado.

Sólo así, el 8 de marzo permanecerá en la conciencia de mujeres y hombres como reto para el desarrollo de nuevas conquistas, de nuevos y diversos derechos que hoy son conculcados por los opresores de siempre; aquellos y aquellas que hoy pretenden darle a la fecha que conmemoramos, un contenido más bien folclórico; uno que oculte y enmascare una convocatoria a la lucha y a la resistencia que es y sigue siendo necesaria.


Sobre Alejandro Torres Rivera
Alejandro Torres Rivera


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