Por: Licenciado Fernando Lloveras San Miguel

Presidente Para la Naturaleza

Hace menos de 100 años, las estrellas protagonizaban nuestras noches. Hoy, son pocos los cuerpos celestes que podemos apreciar a simple vista. Además de la visibilidad de las estrellas, ha disminuido nuestra capacidad de apreciar la bioluminiscencia en los cuerpos de agua.

¿Qué está ocurriendo? A paso acelerado, nuestras ciudades siguen creciendo.  Una de las consecuencias del desparrame urbano es el aumento en la contaminación lumínica, como resultado del uso inadecuado y excesivo de las luces artificiales durante la noche.

La Unión Astronómica Internacional estima que este tipo de contaminación aumenta en un 4 por ciento cada año.  Como consecuencia, hay menos oscuridad durante la noche, lo que a su vez impide la visibilidad de las estrellas y la apreciación de la bioluminiscencia.

El exceso de luz artificial también está afectando negativamente a los ecosistemas, a la vida silvestre y a la salud de los seres humanos. La luz nocturna artificial altera los ciclos de alimentación, reproducción, polinización y anidaje de varias especies, como es el caso de las tortugas marinas.

De igual forma, diversos estudios científicos demuestran que la exposición prolongada a la luz artificial en los seres humanos puede ocasionar depresión, insomnio, ansiedad, problemas de la vista, entre otros problemas de salud.

Puerto Rico es uno de los países con mayor resplandor nocturno. Llevamos 10 años entre los lugares que más gastan energía eléctrica por kilómetro cuadrado.  Entre el 2014 y el 2015, por ejemplo, el costo de nuestro consumo energético alcanzó los $2,992 millones.

Las luminarias mal utilizadas en nuestros espacios públicos, residenciales y comerciales, así como las vallas publicitarias iluminadas o billboards sin respeto a las regulaciones, entre otras fuentes de luz artificial, son en gran parte las responsables de este derroche.

Sin embargo, la existencia de este resplandor artificial no es irreversible. En el 2005, Para la Naturaleza tomó acción para enfrentar este problema. Lanzamos la campaña educativa Puerto Rico Brilla Para la Naturaleza, con la misión de reducir la contaminación lumínica alrededor de la Laguna Grande, el cuerpo de agua bioluminiscente que forma parte de la Reserva Natural Cabezas de San Juan en Fajardo.

Poco a poco, modificamos el sistema de iluminación de la Reserva Natural Cabezas de San Juan y compartimos nuestros conocimientos y experiencias con las comunidades vecinas. Con la ayuda de muchas personas que han tomado acción, se han logrado cambios significativos y visibles en la iluminación de las residencias, comercios, áreas recreativas, hoteles y carreteras cercanas a la reserva.

Juntos ayudamos a que se recuperara la calidad de vida de los ecosistemas y las comunidades del área, redujimos el costo energético y mejoró la observación astronómica.  Nuestros esfuerzos lograron reducir en un 60 por ciento que impactaba los ecosistemas de la reserva, y aumentó la apreciación de la bioluminiscencia en la Laguna Grande.

El éxito de este esfuerzo es el resultado del trabajo colaborativo, entre las comunidades, múltiples organizaciones gubernamentales y municipales que actuaron con sentido de urgencia.

Ahora, nos toca continuar tomando acciones para controlar la contaminación lumínica en todo el archipiélago de Puerto Rico. Solo así podremos ayudar a que se recupere el equilibrio de los ecosistemas, mejorará considerablemente nuestra salud, disminuiremos nuestro gasto energético y podremos disfrutar del espectáculo natural que nos ofrecen las estrellas en el cielo y la bioluminiscencia en los cuerpos de agua.

 

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