A Tinti Deyá Díaz, cofundadora de la organización comunitaria Casa Pueblo, de Adjuntas, nunca se le vé hablando sobre una tarima o atendiendo la prensa. Lo de esta mujer de 74 años, nacida con comadrona en la calle Progreso del pueblo de Adjuntas, registrada y bautizada como Faustina Deyá Díaz, es el trabajo constante de organización y ejecución, fuera de las luces, las cámaras y los titulares.

Entrevistamos a Tinti en Casa Pueblo, la sede de la organización ambiental y cultural de base comunitaria que ella ha desarrollado a lo largo de 35 años junto a su esposo, el ingeniero Alexis Massol. Cuando hemos charlado apenas unos minutos, percibimos en ella a la maestra, la abuela, con esa mezcla de ser entre dulce y estricta. Al poco tiempo va aflorando también esta mujer que ha sido y es mente organizadora, que labora incansable y a veces invisible, como las hormigas; que con el bajo perfil que prefiere mantener sazona su dinamismo con mucho sentido del humor. De esas personas que en buen decir boricua tiene “la musiquita por dentro” .

-“De pequeña yo organizaba la calle”-

Tinti mostró sus dotes de organizadora de comunidad desde niña en su vecindario de la calle Progreso en el casco urbano. Cuando estaba en la escuela intermedia ya organizaba en su calle jornadas de cocina colectiva y juegos de bingo y voleibol, para fomentar el sano compartir entre los vecinos. La precoz líder también organizaba la tarea colectiva en que los mismos vecinos limpiaban la calle y los alrededores.

“Había pobreza y problemas de alcoholismo. Era una forma de demostrar de que a pesar de las diferencias podíamos compartir juntos, pasar un rato ameno y asumir la responsabilidad de mantener los alrededores, la calle, todo limpio”, explica.

“Dejábamos tres piedras grandes en una esquina y allí cocinábamos casi siempre arenque ahumado con viandas”, recuerda la líder ambientalista.

Mientras estudiaba y organizaba a los vecinos Tinti, trabajaba en una ferretería, en una gasolinera o en otros comercios. “Yo siempre he sido bien organizada”, apunta. De adolescente “no era dada a bailes y fiestas” y prefería el compartir con los chicos en la calle, jugando voleibol y juegos tradicionales. “En escuela superior yo todavía jugaba trompo y bolita y corote en la calle”, relata.

SDVR1078Desde ese tiempo se hizo novia de Alexis Massol. Dice que ha perdido la cuenta del tiempo que llevan juntos. “Eso sí, peleábamos mucho porque jugábamos voleibol en la plaza y cuando yo llegaba sacaban a Alexis para meterme a mí”, cuenta entre risas.

Su pasión por el voleibol la llevó de jugar en la plaza del pueblo hasta insertarse en la historia deportiva del país ya que formó parte del primer equipo campeón de voleibol superior femenino, llamado las Lorsonettes. Asimismo jugó en equipos de superior de Adjuntas, Villa Nevárez y de la UPR.

-“A mi mamá la regalaron”-

Corría la segunda década del siglo pasado cuando una mujer (la abuela biológica de Tinti) pasó caminando con una niña de unos tres años frente a la casa de la mujer que ella conoció como abuela toda su vida. “Oye por qué tu no me regalas esa nena”, le dijo desde el balcón. Y la mama de la nena le dijo: “cógela”. Se la dio y siguió caminando y nunca más se supo de ella. Así explica Tinti el origen de su madre, Matilde Díaz, aquella niña regalada en Adjuntas sin papeles ni mayor trámite.

Cuenta que su madre nunca fue a la escuela ni aprendió de letras pero tenía una mente privilegiada para las matemáticas. “Cuando mi papá tenía la tiendita ella era quien llevaba la contabilidad, no fallaba con sumas y cálculos”, asegura.

El padre de Tinti, Juan Deyá, era quincallero y andaba los campos con una bolsa grande sobre la cabeza vendiendo telas y ropa casa por casa antes de montar una pequeña tienda en el pueblo. Don Juan, asiduo lector, fue fundador del Partido Independentista Puertorriqueño en Adjuntas y la hija lo recuerda sobre todo como un propulsor del pensamiento crítico. “El me llevaba a todos los mítines del partido que fuera. Me decía tu vas a desarrollar tu pensamiento propio. No quiero que tu estés influenciada por mí ni por nadie. Así que fui a ver a Muñoz, fui a ver a Albizu y a muchos otros”, explica Tinti. “Otra cosa que hizo fue enviar a estudiar a sus hijas. El decía que el varón podía trabajar donde quiera pero mis hijas tienen que estar preparadas para no aguantar a ninguno que las maltrate, tienen que prepararse para valerse por sí mismas”, recuerda sus palabras.

-Asbestos, Minas y luchas-
SDVR1228Tinti ejerció varios años como maestra en Ponce, donde se había ido a vivir con su ya esposo Alexis y sus hijos pequeños. Luego vivieron en Río Piedras y en Guaynabo y ella dejó de trabajar por siete años. “Una amiga me dijo que había una plaza de maestra de inglés en Adjuntas, lo discutí con Alexis y regresamos para acá… pensábamos que si seguíamos allá, nuestros hijos no iban a querer venir a Adjuntas ni a ver a los abuelos”.

Cuando llegan a Adjuntas surgía la polémica de los salones contaminados con asbestos. Ella se integró a esa lucha en la que hubo protestas y acción comunitaria. Cuando triunfó esa lucha surgió en 1980 el tema de la explotación minera que se proponían hacer empresas multinacionales en la región central, lo que puso en alerta a los ambientalistas por la catástrofe ambiental que suponía. Alexis y Tinti asumieron la línea de frente en esa lucha y de ahí nació la organización que hoy se llama Casa Pueblo, que maneja dos bosques de más de mil cuerdas, tiene una emisora radial y programas educativos comunitarios.

Las dos inicativas de Casa Pueblo que Tinti considera como sus hijas son el proyecto económico y el mariposario. El primero es nada menos que la actividad comercial que desarrollan con la elaboración y venta del Café Madre Isla, la venta de artesanías, libros y discos con la que generan ingresos propios de la entidad sin fines de lucro y que junto a los donativos la hacen autosustentable.

¿Cómo entiende su papel en Casa Pueblo? “Es organizar. Toda la vida. Tengo gente que yo invito y sé que tiene la capacidad, soy buena seleccionando a la gente”.

Al principio de la lucha antiminera entendió que ellos tenían que encargarse de llevar el mensaje directamente aunque ninguno tenía las destrezas. Ayudó a Alexis a pulirse como orador y comunicador porque a ella no le gusta ser portavoz y hablar frente al público. “Es que yo soy persona de acción no de palabra. Nunca me ha gustado eso.”

*fotos por Sammy Vélez/PRTQ

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