Por: Ada Álvarez- Directora PRTQ

Puerto Rico no duda en ayudar cuando hay un desastre. Qué rápido nos hemos movido a centros de acopio para dejar comida, ropa y un poquito de lo que tenemos. Qué muchos hoteles, comercios y hospitales abrieron sus manos para recibir a los vecinos del Caribe.

El miércoles en la mañana, día que iba a llegar el huracán, me trasladé al Coliseo Roberto Clemente, refugio con un bulto y una jaula con dos gatos a los que llamo mis hijos orgullosamente. Al llegar, escuché el sonido de bolas rebotando en el piso, y es que, en efecto, había bolas de baloncesto, un canasto, un área de pin-pong y supervisión para los niños, quienes no entienden muy bien esto de los fenómenos atmosféricos. Dormí dos horas el martes con dos cosas rondando mi cabeza todo el tiempo, a mi madre la mandaron a desalojar y no lo quiso hacer (por lo cual aumentaba mi estrés y una constante necesidad de hacer logística para ayudar de ser necesario) y la noticia que de un piso 5 hacia arriba uno debía buscar refugio, vivo en un piso 10; por ambas cosas decidí irme. Tampoco dormí el miércoles, quería estar pendiente a todo. Terminé con tres trabajos improvisados, cuidando animales, haciendo listas de medicamentos y repartiendo comida. En ese lugar, no había clasificación por edad, por nacionalidad, por condición social, todos estaban juntos buscando sobrevivir el huracán. Hasta una aerolínea se salió de la norma, no le dio “vouchers” y hoteles a unos pasajeros con un vuelo cancelado, sino que los metió en una guagua y los dejó allí, sin mayor información y bajo el constante miedo de lo que significa una categoría 5. Conservar la vida era lo importante y juntos se hacía mejor.

Me fui del refugio y vi la resistencia de algunas personas sin techo a volver a las calles, tenían una cama, comida y mucha gente a su alrededor. Más de 600 personas unidas en un propósito. La noche anterior, varios se mantuvieron calmados hablando o acariciando a sus animalitos. Yo confieso que al llegar, el área de animales estaba alejado y no me despegué, lloré ante la idea del abandono, terminé en el área ante la sensibilidad la alcaldesa, quien estuvo allí con su familia, a quien le mencioné mi preocupación y canalizó mis sentimientos con servicio. Escuchaba el maullido nervioso de los míos y hasta cuide perros ajenos. En fin, que los animales son familia y hay mucha gente sola y esa comunidad, aun ante una emergencia, hacía falta.

Recopilo algunas de las inquietudes y lecciones que generó este evento:

  • Dependemos mucho de la tecnología y estamos mucho en ella por entretenimiento o procrastinación. Analicemos nuestro apego al celular y la buena compañía que da un libro.
  • Si usted, gracias a Irma, sacó la imaginación a pasear, las cartas y los juegos con sus hijos o familia, qué bueno.
  • Me parece que muchos descubrimos quiénes son los vecinos gracias a este huracán, en nuestra calle, condominio, urbanización y si EL CARIBE.
  • Mucha gente se desbordó hablando de Dios en las redes, mi recomendación, si usted cree, practíquelo todos los días y no solo cuando tenga miedo de perder. No recibimos el embate del huracán como otros lugares, pero hay personas sin casas, sin luz y municipios declarados en emergencia.
  • Es un momento interesante para analizar el servicio público, el rol de las comunicaciones y lo informado que estamos (o desinformados). Hubo muchos pendientes a las noticias y otros que se dejaron llevar por la especulación. Necesitamos estar informados, todo el tiempo. Debemos analizar qué mecanismos tenemos para hacerlo efectivamente y de forma masiva.
  • La Tierra nos gritó de manera muy obvia, el daño que le hemos hecho, las consecuencias del cambio climático y que cada acción por el ambiente cuenta. Que aunque haya personas en el poder, como Donald Trump, que se quitó del acuerdo y dice que eso no existe, su opinión no es más válida que la de los científicos pero definitivamente desinforma y distorsiona la realidad y la urgencia con la que debemos atender el asunto.
  • Yo me molesté muchísimo, espero que usted también, con la irresponsabilidad de la planta en Guayama que NO CUBRIO las CENIZAS antes del huracán. Por favor, esté pendiente a estos temas de salud y apoye a compañeros/as que luchan por usted.
  • El poder de las uniones. Hay gente que no se sensibilizó ante el huracán (aquí y en Estados Unidos) y obligó/amenazó a trabajadores/as a pesar del huracán a ir a trabajar. Además, si a usted le gustaba la comida de comedor, pues la Asociación de Comedores Escolares se encargo de alimentar a los refugiados y la UTIER, con 209 personas (según la misma organización en las redes) , está reparando la electricidad de la isla entera.
  • Se nos olvidó por un momento, la Junta (que hizo un acto de desaparición como un acto de magia), las medidas de austeridad, la reducción de jornada, los recortes a la UPR, los recortes a los municipios, la irresponsabilidad de personas electas y el mal uso de fondos, los casos en la corte de quiebra por una deuda que no quieren auditar etc y amaneció Puerto Rico en la lucha, turbado por el cambio súbdito de rutina y el espectáculo y la lección visual que nos dio que aún el árbol mas grande y que aparenta ser mas fuerte puede caer.
  • Nos acordamos y unimos con los muchos puertorriqueños que hay en la diáspora.
  • Fuimos solidarios, con otros, como siempre dimos la cara primero. Si tan solo nos olvidáramos de los colores y nos uniéramos en una causa para ser solidarios con nosotros mismos… es un deseo que espero haya estado en su corazón gracias a Irma.
  • Tantas otras más…

Seamos viento fuerte que arranca la indiferencia de raíz y que practique siempre un Puerto Rico más justo y amoroso, un acto solidario a la vez. Que podamos sentir orgullo en el corazón, cada vez que dice: Puerto Rico Te Quiero. ¡¡¡Siéntalo y repítalo a los cuatro vientos !!!!

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