Ponencia para Diálogo Ciudadano en el Municipio de Caguas sobre un Plan Descolonizador*

Por: Lcdo. José Nicolás Medina Fuentes
Comparezco como libre pensador, a título personal. No represento partido ni movimiento alguno. Tampoco pretendo iniciar un nuevo partido político.
Conversaremos sobre un Plan Conceptual, que imagino ya han leído, para enfrentar y buscar soluciones a dos grandes problemas que afectan a vastos sectores del pueblo puertorriqueño, independientemente de sus ideologías: la deuda pública odiosa impagable y el colonialismo. La propuesta  ha circulado ampliamente en medios alternativos como la Revista 80 Grados y redes sociales.

Nos mueve conversar sobre ese plan, pacífico, educativo,  por organizar desde la sociedad civil, en el  ejercicio de los derechos constitucionales a la libre expresión, reunión y asociación.  Contemplamos que en el momento adecuado, si fructifica hacia etapa superior, se puedan hacer acercamientos a  partidos, grupos, movimientos, personas, sectores sociales y pueblo en general para ver cómo lo acogen, enmiendan y enriquecen.

Sugiero como un punto de partida para todo proyecto humano su evaluación autocrítica para estar en condiciones de trazar rutas hacia el futuro. Así un periódico, un partido político y su función, aquel que perdura o aquel que desaparece, una huelga obrera o una huelga universitaria, un plebiscito o un boicot, o la presente propuesta, por vía del ejemplo y sin agotar la lista, deben ser objeto de la crítica y más que nada autocrítica honesta, culta y pública, porque del raudal de ideas éticas surgirá el pedestal de alternativas y cursos de acción para nuestros movimientos y pais poder avanzar.

Estimo como algo muy importante que estemos atentos al proceso, con espíritu auto crítico, mientras discutimos y damos forma a este plan cívico. Espero aprendamos todos de este intercambio, con sus inquietudes, preguntas y aportaciones.

Todo problema debe tener solución. Todo nudo puede desatarse. Hay problemas pequeños y sencillos, otros inmensos y complejos. Los dos mencionados son monumentales y complejísimos.
Ha habido grandes problemas humanos muy complejos que le tomaron largos periodos históricos a muchas generaciones enfrentarlos y resolverlos. Por eso es apropiado consignar que fueron luchas prolongadas del pueblo. La esclavitud y el feudalismo, como formas de dominación de unas clases sobre otras, tomó siglos para el desarrollo de una contra cultura crítica emergente y luchas variadas de diversos procesos humanos, para ser capaces de sustituir esos viejos órdenes de dominación por otros más elevados.
El colonialismo es la dominación de una nación más débil por otra más fuerte mediante la fuerza y la manipulación ideológica. Presenta un problema de desigualdad, discrimen y explotación a la nación colonizada y un grave problema moral para la élite colonizadora.  Inmensos sectores de la humanidad invirtieron siglos para desarrollar una contra cultura y luchas  anticoloniales, en un proceso desigual, y hoy día quedan muy pocos casos. Desafortunadamente la nación puertorriqueña lleva siglos de coloniaje y luchas consecuentes contra uno de los  pocos sistemas que como rémora quedan en el mundo.

Hay varios puntos de vista puertorriqueño frente  al colonialismo. Hay un pensamiento dócil, que ha aceptado y acepta servilmente esa dominación. Como la aceptaban algunos esclavos en la esclavitud y siervos en el feudalismo.
Hay otro punto de vista que entiende que si nos impusieron la ciudadanía norteamericana en 1917,  la solución debe ser la plena igualdad para que la nación puertorriqueña se disuelva y se convierta en parte integrante como estado de los Estados Unidos.  Considero que como parte de un juicio político histórico concreto, y sin seguir las reglas de la lógica de hace 100 años cuando el estadoismo era tendencia minoritaria, y para continuar el proceso de desvanecer quimeras, esa fórmula, que es aspiración y no se ha logrado,  debe estar representada en la Asamblea Constitucional.. No es ético el mal llamado Plan Tenesí criollo mediante el cual el gobernador de turno nombró la Comisión de los 7. La primera ofendida con el nombre de Plan Tenesí fue una congresista de dicho estado que indicó que eso era un insulto a los habitantes del territorio incorporado gestores del Plan Tenesí original, quienes eligieron tres delegados al Congreso por una Asamblea Constituyente que aprobó una resolución para reclamar al Congreso la estadidad o si no declaraban la independencia. La aludida Comisión criolla, fue designada sin legitimidad, por un gobernante que sacó 40% de los votos en los comicios de noviembre del 2016 y que acaba de ser derrotado con un boicot, compuesto por una amplia convergencia de columnas autónomas y por diversas razones,  en el Plebiscito del 11 de junio del 2017,  con una menguada votación de un 23% de los electores hábiles a favor de la estadidad. La Comisión estadoista tiene la emergencia soldada y está herida moral y legalmente ya que se trata de un proyecto partidista que intenta utilizar recursos y fondos públicos, como los de la Oficina Asuntos Federales de Puerto Rico.  De un reclamo inicial de estadidad ahora, y el gobernante decir que la traerá en 5 años como manipulación para correr para un segundo término, los comisionados acaban de anunciar  que el reclamo de estadidad corre suavecito, despacito y tal vez, no saben cuando,  tarde 15 años. No hay seriedad porque saben que dentro del nacionalismo y supremacismo blanco en ascenso no hay ambiente para considerarla. Por tanto, si los estadoistas con dignidad en realidad desean reclamar con fuerza su petición, el proceso de una Asamblea Constitucional tiene mayor poder, fuerza ética e incluso complementaría sus gestiones actuales.
Hay otro punto de vista que cree en la soberanía, segregado en dos tendencias: Una postura más tenue que cree que debe haber una relación de protectorado mediante la cual la nación puertorriqueña negocie un tratado de asociación “entre iguales” con los Estados Unidos, mutuamente beneficioso para ambas naciones. Hay otra tendencia que cree que la nación puertorriqueña, sus fuerzas vivas y productivas, podrá florecer en el tiempo y espacio con todos los poderes de la soberanía que garantiza la independencia nacional.
Al día de hoy, según los resultados electorales,  el punto de vista mayoritario de nuestra población en la isla es el de los que creen  que la estadidad debe ser la solución para el estatus de Puerto Rico, bajo el argumento central de que garantiza la seguridad económica de ellos y su descendencia al estar unidos a una potencia mundial. No han tomado conciencia  que transita  por periodo acelerado de declive mundial y de fragmentación interna.
Le sigue en seguidores  la tendencia dócil que acepta el coloniaje mediante el arreglo dentro de la claúsula territorial del Estado Libre Asociado. Como no resuelve el problema colonial, sino que lo acepta, hay que debatir y considerar a base de un juicio político histórico concreto, y les exhorto a ponderarlo, si  debe quedar excluido de un proceso descolonizador a menos que evolucione hacia una tendencia hacia mayor soberanía fuera de la cláusula territorial (por ejemplo un ELA soberano que estuvo en la papeleta del plebiscito del 2012).  No favorezco excluir tendencias numerosas por decreto, creo más que nada en que deben ser derrotadas en el debate de ideas cívico, pacífico y con el desarrollo de una contra cultura mayoritaria.  No obstante, permitir la tendencia del estadolibrismo inmobilista, territorial y colonial dentro de la Asamblea Constitucional, se prestaría para que la metrópoli favorezca una opción que ya tuvo su oportunidad histórica y ha fracasado, la metrópolis la apoye con poderosos recursos y engaños y al fin permanezca el problema del coloniaje y no avancemos en el proceso de descolonización.  Dentro de esta tendencia pululan líderes del bipartidismo servil, que se disfrazan o como estadolibristas o como estadoistas, pero lo que les interesa es seguir usufructuando privilegios del presupuesto público mediante la administración de la colonia.  Habrá algunos, como en otras experiencias mundiales, que evolucionarán para romper con el colonialismo e integrarse a las nuevas corrientes.  En síntesis, es el mismo punto de vista de la potencia colonial que ha expresado oficialmente vía sus tres ramas de gobierno, particularmente en el caso de Pueblo v Del Valle, que nunca hubo un pacto en 1953, que Puerto Rico bajo el Estado Libre Asociado sigue siendo un territorio no incorporado sin soberanía sujeto a los poderes plenarios del Congreso bajo la cláusula territorial de la constitución federal, es decir una vil colonia. Un sistema colonial, más aún admitido así por la potencia colonial, no puede ser alternativa descolonizadora. Tampoco puede ser aceptable como fórmula descolonizadora ningún sistema que opere dentro del control del Congreso bajo la cláusula territorial, se llame territorio incorporado o no incorporado.
Luego le sigue en número de preferencia de la población la postura intermedia de libre asociación o ELA Soberano, que no esté sujeto a la cláusula territorial y que aspira a un tratado bilateral con unos poderes de soberanía para Puerto Rico, mientras  entrega otros poderes de soberanía a la potencia imperial en la creencia de mantener ciertas ventajas para la población.
El otro sector, muy reducido hoy en día, y lo reconozco, somos los que creemos que sólo en la independencia, con todos los poderes de la soberanía, el país tendrá las herramientas para mejorar y desarrollar en su plenitud sus fuerzas productivas.  Y debemos pasar por un proceso muy autocrítico y de estudio para poder comprender y explicar cómo, de mayoría política electoral en las primeras tres décadas del siglo 20, pasamos a un 25% en 1952, a un 6% electoral en 1976 y a un 2.5% en el 2016. Definitivamente estamos en una profunda crisis de pensamiento e ideario y fragmentación organizativa que hay que superar con un pensamiento crítico y auto crítico autóctono nacional, que sepa recoger la tradición y lo armonice con los nuevos desarrollos de la novedad, capaz de hablar el lenguage de nuestra época y evitar convertirnos en folklore en sectas inconsecuentes.
Las primeras dos tendencias, la estadoista y la Soberanista menguada no dependen de la  voluntad de los puertorriqueños. No son derechos exigibles unilateralmente. Dependen de que el gobierno, el Congreso de Estados Unidos decida conferir una de esas dos alternativas.
La independencia de una nación es un derecho imprescriptible, no sujeto a votación plebiscitaria, de sus nacionales. No depende de la metrópoli. Depende de la voluntad mayoritaria de la nación para decretar la misma.
Cuando enfrentamos un problema debemos primero estudiarlo, conocerlo, para entonces estar en condiciones de resolverlo, buscar soluciones y cursos de acción.
El colonialismo es un fenómeno muy complejo que a su vez ha generado otros problemas enormes. Entre ellos, la ciudadanía americana, aún de segunda clase cuando se reside en la isla, como forma de dominación; la balcanización y configuración de una diáspora más grande que los isleños, facilitada por esa ciudadanía; la adicción  a las drogas y el narcotráfico y la deuda pública odiosa impagable, son de tal envergadura que moldean como rasgos o impronta distintiva a nuestra formación nacional concreta.  Cada uno de esos problemas es menester estudiarlos, conocerlos para estar en condiciones de diseñar alternativas y hojas de ruta para su adecuada atención y superación. En ensayos previos he abordado esos fenómenos.
El problema de la deuda pública impagable es uno crucial. Sin recursos económicos nadie puede subsistir. Ningún partido o movimiento podrá gobernar, ni Puerto Rico será viable si se acepta su legitimidad para pagarle a los acreedores.  Es asunto que tiene las características  para unificar en una gran convergencia el vasto pueblo oprimido. Por eso opino que vastos sectores, sin importar las ideologías, tenemos que asumir una postura unida contestaria, no servil, frente a esa deuda.

 

No todas las deudas tienen que pagarse. Hay muchas excepciones dentro del derecho civil, anglosajón e internacional. La deuda pública es una deuda injusta. Se ha declarado por el derecho obligatorio internacional entre las naciones del orbe que las deudas públicas coloniales son injustas, odiosas y son responsabilidad de la potencia que controla todos los poderes de la soberanía. Así lo reconoce la prestigiosa Revista Jurídica de Harvard en su numero del 10 de abril del 2017 dedicada a los territorios controlados por los Estados Unidos. Y hace sentido. Si el esclavista endeuda al esclavo y no le permite libertad para trabajar y generar y proteger riqueza, pues es lógico que en justicia y moral responda por sus deudas. Y el colonialismo es una especie de esclavitud de una nación para explotarla, a la que se le priva de todos los poderes soberanos para generar y proteger su riqueza.  Nuestra nación se explota para beneficio del capital foráneo y algunos cipayos locales.
Para ser consecuentes y tener la legitimidad del derecho imperativo internacional que proscribe las deudas coloniales odiosas hay que reconocer desde el punto de salida que Puerto Rico es una colonia norteamericana. Si no hay ese reconocimiento entonces no hay la capacidad de fortalecer teorías de control que imputen la responsabilidad de la deuda pública a la metrópoli.
El Congreso federal no ha querido decidir el estatus ni asumir responsabilidad por la deuda pública. Solo impuso Promesa que resulta ser un mecanismo inservible para atender los problemas del pueblo y sólo busca las formas, ya sea bajo el Título VI o III, mediante las cuales el pueblo puertorriqueño le pague a los acreedores, con imposición de medidas de austeridad, recortes de servicios esenciales, jornadas y pensiones, imposición de tributos y tarifas odiosas, sin importar si se afectan los derechos humanos y servicios esenciales para nuestra subsistencia, o si se acrecienta y extiende la depresión y crisis económica y social.
Promesa es un ente provisional para intentar perpetuar el ELA y a la vez pagarle a los acreedores. No deroga la ley 600 ni los casos insulares. Y parte de la premisa que una vez se logren 4 presupuestos balanceados consecutivos y el ELA pueda acudir al mercado de préstamos, desaparece Promesa y la Junta de Control.
Así que al estudiar la deuda pública y ver que no hay neutralidad en los foros ejecutivo, legislativo y poder judicial federales para asumir la deuda y resolver el coloniaje, entonces no hay otra opción que el pueblo de Puerto Rico organice su foro u órgano más poderoso, que es la Asamblea Constitucional de delegados, con el derecho al voto de isleños y diaspóricos. Con ese derecho al voto profundizamos la unidad política de una nación bilingüe de 8 millones de boricuas.  A través de la historia la Asamblea Constitucional se ha reconocido como el órgano representativo de una nación capaz de orientar su porvenir o de fundar un estado nacional.
Como el bipartidismo servil la ha boicoteado, el plan conceptual que discuto propone organizar esa Asamblea Constitucional de delegados del pueblo desde las bases de la sociedad civil. Estructurada mediante un contrato, desde el comienzo, vinculante para  todas las tendencias no coloniales ni territoriales, que recoja los puntos centrales de consenso para terminar con el coloniaje y requerir a la potencia colonial la asunción de la deuda odiosa en reparación de agravios.
Proponemos, como acuerdos primordiales del contrato social, incluir que si los estadoistas obtienen  la mayoría de los votos en la primera votación de los delegados, tendrán la prioridad de exigir al Congreso, con el concurso o sin la obstaculizacion de los demás delegados de las otras fórmulas, que confiera la estadidad dentro de un periodo de caducidad de dos años. Si en ese periodo la ignora o no la concede, los delegados se reúnen y exigen un convenio de libre asociación. Si en el segundo periodo de caducidad acordado no lo han otorgado, entonces los delegados declaran la independencia, negocian un plan de transición y la defienden y reclaman y luchan en todos los foros necesarios la reparación de agravios por el coloniaje. Este proceso contempla un profundo proceso educativo de todas las tendencias y servirá para despejar quimeras por cabeza propia, para comprender que el olmo federal no da peras.
Hablaremos ahora de tres grandes categorías: el pueblo oprimido, un plan sustantivo que satisfaga sus intereses y un plan procesal idóneo de descolonización.

 

Tenemos que reconceptualizar la composición del pueblo colonial oprimido para ir configurando un nuevo bloque histórico mayoritario.
En el 2014 Puerto Rico tuvo un ingreso interno bruto de 104 billones de dólares. Se produce una inmensa riqueza. Más en esta etapa histórica debemos comprender que el capital foráneo destroza sectores considerables del empresariado y comerciantes, agricultores, profesionales, trabajadores y grupos sociales, mientras expatria  ganancias anuales ascendentes a 35 billones de dólares sin pagar impuestos aquí. No obstante por esa actividad pagan contribuciones al tesoro federal por una cuantía qué excede los 12 billones, el doble de los recaudos centrales anuales y más que el presupuesto central anual. Eso constituye fraude de activos del pueblo puertorriqueño. La riqueza que se produce en Puerto Rico es suficiente para desarrollar una economía prospera en un estatus soberano. Si el capital foráneo pagara esos impuestos aquí, como en moral y derecho corresponde, podrían reclamar un crédito al Tesoro Federal para no incurrir en doble tributación. Así ocurre con el impuesto especial que pagan actualmente del 4%.
Por tanto, ese amplio pueblo oprimido tiene contradicciones sustanciales con el capital foráneo y la metrópoli. Ello aconseja una disminución en la insistencia de lucha de clases contra el capital nativo y una concepción de que los antagonistas principales del pueblo oprimido son el capital foráneo y el imperialismo norteamericano. Estamos en una etapa de gran fragmentación y debilidad del movimiento obrero. No pasa del 1% la organización sindical en el sector privado y la legislación de empleador único ha herido gravemente al sindicalismo del sector público y amenaza la unidad apropiada como dínamo generador de cuotas obreras.
Este proceso contempla como colorario la instrumentación de un plan procesal idóneo de descolonización desarrollado democráticamente por ese pueblo oprimido.  El plan procesal contempla cuatro  etapas. Una primera etapa de movilización, educación y organización desde las bases populares en municipios y ciudades de la diáspora que culminen en asambleas locales para escoger siete delegados representativos de las diversas tendencias, generaciones y género que converjan en una asamblea nacional organizativa preparatoria.
La segunda etapa comienza cuando los delegados locales  se reúnen en la asamblea nacional preparatoria, ésta aprueba una declaración de propósitos  y reglas y  convoca y organiza el Congreso para la descolonización.
La tercera etapa comienza cuando el Congreso para la descolonización aprueba la declaración de propósitos, las reglas procesales y convoca a elecciones universales y secretas de la nación de la isla y la diáspora para elegir los delegados de la Asamblea Constitucional de delegados. Y estos son electos por los electores hábiles para votar como ciudadanos puertorriqueños según se define en el plan conceptual.

La cuarta etapa ocurre cuando los delegados de la Asamblea Constitucional deliberan y negocian con la metrópoli en las distintas etapas y sujeto a los términos de caducidad acordados. Será ese amplio pueblo oprimido quien sufragará los procesos y altos costos de una Asamblea Constitucional de delegados inclusiva, solvente y permanente.
La otra premisa de este proceso debe ser desarrollar paralelamente un programa sustantivo solidario de desarrollo económico mixto nacional que satisfaga los intereses del pueblo oprimido. En una economía que combine inversión extranjera, capitalismo nativo, cooperativismo, empresas estatales y autogestionarios, guiado ese plan nacional por una visión moral solidaria. De manera que sea protegido el empresariado puertorriqueño para que florezcan sus proyectos. Recaudar tributos justos, razonables y transparentes y así  se rindan servicios y pensiones dignas. Garantizar salarios dignos y servicios a la clase trabajadora y sectores no privilegiados. Debemos estar conscientes que para la protección de las fuerzas productivas nacionales son necesarios los poderes de la plena soberanía. Considero que no es posible ni en fórmulas coloniales, territoriales ni en la estadidad,  pues luego de la guerra fría hemos entrado en una etapa de abandono evidente del gobierno federal hacia la nacionalidad puertorriqueña. Y el colonialismo existe para explotar la nación colonizada, recursos naturales y fuerzas productivas.
Esta noche es especial. Esta noche hemos iniciado humildemente una  primera etapa educativa. Les exhorto compatriotas de Caguas a dar un paso adelante, a educar, organizar y convocar a su ritmo, la primera asamblea del municipio de Caguas, que sirva de ejemplo y detonante para otros municipios y ciudades de la diáspora.  Que cuando llegue el momento y se celebren esas asambleas locales, esos delegados electos se convoquen a una asamblea nacional preparatoria y pueda ir avanzando el proceso hacia las distintas etapas del Congreso para la descolonización y la Asamblea Constitucional de delegados. Marchemos adelante que vivir dignamente conlleva hacer camino valiente al andar, educar, organizar, para proteger y engrandecer una patria solidaria.
Muchas gracias.

*             Ponencia presentada en el diálogo ciudadano auspiciado por la convergencia Vamos en el Municipio de Caguas el 22 de agosto de 2017.

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