Mesón de Amor: alimentos al alcance de jóvenes universitarios necesitados

Mesón de Amor: alimentos al alcance de jóvenes universitarios necesitados
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La comida es gratis para los estudiantes o aportan lo que pueden en el Mesón de Amor.

Son cerca de las 5:00 de la tarde y se asoman los rayos de sol por el ventanal del comedor de la iglesia Casa de Amor, Fe y Esperanza, que ubica en la avenida Gándara, en Río Piedras. Varios voluntarios van acomodando servilletas y cubiertos en las mesas. Poco a poco van llegando decenas de jóvenes universitarios…

Uno de ellos es Luis del Valle, de 34 años, estudiante graduado de sicología en la UPR de Río Piedras. A pesar de trabajar varias horas en consultoría de investigación, el dinero no le da, por lo que hace cuatro años se ha vuelto uno de los participantes activos del Mesón de Amor, un proyecto de la iglesia que todas las tardes provee alimentación a universitarios en aprietos económicos.

“En la Universidad han aumentado las cuotas y han disminuido las ayudas. Por ejemplo, las asistencias de cátedra e investigación han bajado muchísimo. Entonces cuando tú ves todo eso, lo poco que generas en un trabajo a tiempo parcial y el hecho de que como mínimo para comer afuera gastarás $10 la cosa se pone apretada”, explicó.

Por cuatro años el Mesón se ha convertido en la fuente de alimentación principal de Luis, quien se encuentra básicamente solo. Toda su familia emigró  a Nueva York y Nueva Jersey. Fue el único que decidió quedarse en Puerto Rico, donde aspira a graduarse y convertirse en profesor de sicología.

Gradualmente el salón se llenó de murmullos y conversaciones de  los jóvenes antes de servirse. Una de las voluntarias de la iglesia dio un saludo, habló del valor de los alimentos desde la perspectiva espiritual y luego la pastora Belkis Moya y los voluntarios comenzaron a servir.

Kimberly Díaz Mendoza, de 22 años, es oriunda de Aguada. Su papá no tiene trabajo y el dinero de la beca no le da para todos sus gastos, los libros, los materiales, tampoco para la gasolina y para salir a visitar a su familia. Recientemente comenzó a trabajar en un empleo turístico gracias a su preparación en idiomas, pero el ingreso no es suficiente.  Come en el Mesón todas las tardes y si sobra comida se la lleva para ingerirla en el almuerzo del día siguiente.

“Más allá de ser un lugar donde vengo a comer, siempre nos dan reflexiones positivas y dinámicas que hacen que no me sienta tan sola al no tener a mi familia cerca”, expresó la joven que se hospeda en una de las residencias de la  Universidad, que sobrevive el resto del tiempo con latas de tuna, cereal, galletas, pan, entre otras cosas, para llenar el estómago.

Kimberly y su amigo Miguel Fernandini, de 31 años, comparten situaciones similares. Él creció en el seno de una familia de recolectores de café. Sus padres están incapacitados y viven en Yauco donde él nació.

Miguel dice que se las arregla para sobrevivir en “la boca del lobo”, como le llama al área metropolitana. Cuando la situación aprieta, sus padres le envían del dinero de sus pensiones para asistirle.

Un público fijo en el Mesón también lo componen estudiantes de intercambio que llegan a Puerto Rico desde otros países para estudiar en la Isla un semestre o un año.

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Belkis en plena faena con los estudiantes.

Importante gesta la del Mesón de Amor

La historia se repite de lunes a jueves a la misma hora. Así ha sido desde 2010. Fue en la huelga estudiantil en contra del alza de las cuotas que los pastores Belkis y Eliú Moya se percataron de la estrechez económica que afectaba la salud alimenticia de los jóvenes universitarios. Durante la huelga los pastores prestaron la iglesia a los líderes estudiantiles para sus reuniones. En aquel momento la iglesia, de base cristiana, ubicaba en la calle Mariana Bracetti.

“Nosotros comenzamos a escuchar… Las historias de debacle fueron muchas, familias en las que ambos padres habían quedado desempleados, padres llamándonos para ayudar en la alimentación de sus hijos e hijas universitarios, la ley 7, los despidos gubernamentales”, recordó la pastora. Acto seguido desvió su mirada a una de las mesas del enorme comedor y mencionó que la misma fue una donación de unos padres agradecidos por el alimento que recibió su hija en el Mesón, justo hasta graduarse de Pedagogía.

Los jóvenes dicen que la pastora tiene una mano santa para mezclar lo que haya en la alacena y servir un plato delicioso. En el día de la entrevista se sirvió pasta con vegetales y pan.

“La pastora tiene un decir y es que se come ‘con lo que’, es decir, con lo que haya de comida. Servimos usualmente la comida, con iced tea o jugo, pan y si hay alguna donación de postre pues postre. Algo importante de señalar es que aquí recibimos a jóvenes que estudian no sólo en la Universidad de Puerto Rico, pero también en la Universidad del Sagrado Corazón, la Universidad Interamericana, el Seminario Evangélico, entre otras instituciones”, explicó el encargado el proyecto del Mesón, Wilfredo Feliciano.

Si usted quiere hacer una donación al Mesón de Amor puede escribir a mesondeamor11@gmail.com.

La pobre alimentación puede resultar en situaciones de salud preocupantes

La doctora Cristina Palacios, catedrática asociada del Programa de Nutrición de la Escuela de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, indicó que algunas implicaciones de pobre alimentación no sólo en jóvenes sino en adultos es el desarrollo de la obesidad y de condiciones como la diabetes. Ambos trastornos de salud están multiplicándose en Puerto Rico.

“Aquella persona que no esté cubriendo sus necesidades de nutrientes puede estar comiendo demasiadas calorías que la van llevar a engordar o puede estar comiendo cosas que no le provean los micronutrientes importantes que están presentes en frutas y vegetales. Como en países donde hay hambre, vemos que optan por comida alta en grasa y calorías”, explicó la experta.

PRTQ – ¿Debiera el estado tener alguna iniciativa para cubrir esta necesidad en la población universitaria?

“Habría que ver si los jóvenes son de núcleos familiares que cualifiquen para el PAN o en el caso de las jóvenes que estén embarazadas que puedan beneficiarse del WIC”, explicó Palacios.

La especialista en nutrición recomendó no sólo a los universitarios sino a la población adulta a preparar loncheras en las casas donde tengan un contenedor con agua reusable y meriendas saludables para no gastar dinero en comida de mala calidad.

“Otra manera de ahorrar es auspiciando las frutas y vegetales del país”, y sugirió auspiciar los mercados locales de alimentos.


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Sara Justicia Doll


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