Luego de cada lectura, madres y padres participan junto a sus hijos de actividades planificadas a tono con el tema del cuento leído.
Luego de cada lectura, madres y padres participan junto a sus hijos de actividades planificadas a tono con el tema del cuento leído.

por Alejandra Rosa Morales

Solo le restaba trabajar su proyecto de tesis. Quería algo innovador, útil y refrescante, pero le quedaban preguntas sobre el tema, sobre el enfoque. Mientras tanto, todos los días le leía a su hija Daniela al menos un cuento. Todavía lo hace. Una tarde, su experiencia como madre y su fe en la lectura le sugirieron a Desiré Sánchez Cardona las respuestas que andaba necesitando. Decidió entonces que crearía una página cibernética dirigida a ofrecer a madres y a padres herramientas para “fomentar en sus hijos el amor por la lectura de por vida”. Para nombrar al proyecto, Axel Cruz, su esposo, sugirió el lema “Leamos por siempre”.

El contenido inicial del sitio web incluyó reseñas de espacios de lectura infantil, así como de libros. Pero cuando un 14 de enero de 2015, Patricia Medina, terapista del habla y madre de un infante de dieciséis meses, encontró la página “Leamos por siempre”, el proyecto comenzó a tomar otra dimensión. Medina le escribió a Sánchez para preguntarle cuándo se reunirían a leer, a lo que la especialista en lectoescritura respondió, de inmediato, “los primeros sábados de cada mes”. Y escribirlo, o decirlo, fue lo mismo que establecerlo. Poderes de la palabra.

Desde aquella comunicación, un grupo de madres y padres acompañados por sus hijos se reúnen los primeros sábados del mes en espacios al aire libre, para leer cuentos infantiles, en voz alta. Esta extensión del proyecto lleva haciéndose verbo durante dos temporadas. La primera transcurrió desde febrero hasta mayo del año pasado. La segunda comenzó el pasado septiembre y vislumbra finalizar en mayo.

Desiré Sánchez, creadora de la iniciativa “Leamos por siempre”.
Desiré Sánchez, creadora de la iniciativa “Leamos por siempre”.

Cuando la estudiante graduada del programa de maestría en Educación de la niñez con especialización en Lectura de la Universidad de Puerto Rico (UPR) piensa en voz alta sobre la cotidianidad de sus encuentros de lectura, lo que llega a su rostro es una luz que quién sabe si se deba a la luminosidad del día o a la claridad con que narra.

“Citamos a la gente a las 10 de la mañana. Una vez llegan y la gente se sienta, y se acomoda, hacemos lectura de la misión y visión de Leamos por siempre. Luego le damos la bienvenida a la gente y presentamos al lector o a la lectora del día. Esa persona hace una actividad y siempre esa actividad está relacionada con la lectura”, explica Sánchez.

Cuando el proyecto surgió, la ahora maestra de segundo y tercer grado en la Escuela Elemental de la UPR fungía como educadora en The School of San Juan. A cada lectura en voz alta invitaba a una colega distinta. Con el pasar del tiempo, estas compañeras no tan solo visitarían los encuentros con sus hijos, sino que algunas a menudo se tornarían en lectoras invitadas.

Darelis Flores, por ejemplo, recuerda con entusiasmo su experiencia como narradora en el encuentro de octubre pasado. Esa mañana, Flores, maestra de pre-escolar galardonada en el 2014 y quien recibió el “Presidential Innovation Award for Enviromental Educators”, leyó “Échale la culpa al cerdo”, de Sylvia Werner, ante alrededor de 25 niños.

“Yo era la encargada del club ambiental y ella creyó pertinente llamarme para leer un cuento y hacer una actividad con los niños”, explica. En el público se encontraban sus dos hijas, quienes ya, desde la niñez, cultivan un hondo cariño por la lectura.

“A veces ella involucra también a otras mamás, que no tienen que ser ni maestras ni autoras, simplemente mamás que les gusta leer cuentos también. Sabe muchísimo, y se apasiona por lo que hace. Lo notas cuando coge un libro, lee un cuento, y nos invita a ser parte de este proyecto maravilloso”, asegura.

Quizás esa misma pasión sea la responsable de que Sánchez y su familia siempre lleguen antes de las diez en punto a los espacios escogidos para leer. Siempre parques. Allí colocan sobre el césped dos toallas de diamantes rosas, amarillos, naranjas y verdes. Con la llegada de otras familias, van apareciendo más alfombras sobre el suelo. Pedazos de tela sobre los cuales niños y niñas se sientan atentos, ante el libro y la lectora principal de la mañana. Principal pero no la única. Cuando el texto invita, madres y padres también apalabran en voz alta, junto a sus hijos e hijas. Las edades de los niños suelen fluctuar desde pocos meses hasta doce años.

Existen otras iniciativas de esta índole en el país, promotoras y gestoras de espacios de lectura libres de costo. El pasado 20 de marzo, por ejemplo, se celebró en la Facultad de Educación de la UPR el Día Mundial de la Narración Oral, con un programa de lectura que transcurrió desde las diez de la mañana hasta las dos y treinta de la tarde. Evento que, según su organizadora, la profesora Nellie Zambrana, vislumbra tornarse en uno anual.

Una de las partícipes de la actividad fue María Teresa Marichal, mejor conocida por su caracterización del personaje infantil “María Chuzema”. Marichal interpreta con frecuencia lecturas para niños, gesta que repite junto a su tropa de cuentacuentos en distintos espacios, uno de ellos el parque de Baldrich, en San Juan. Tal vez sean los parques los mejores preámbulos de un libro.

A estos encuentros no llegan tan solo niños y padres. A veces, también llegan abuelas. El primer sábado de abril por ejemplo, doña Carmen Valle visitaba el parque Luis Muñoz Rivera con su madre, sobrina y tres sobrinos-nietos, cuando una niña le invitó a acercarse al espacio donde ocurriría la lectura sabatina de “Leamos por Siempre”. Así, como por pura conspiración del universo, acabaron todos participando de la actividad. Cuando se le pregunta a Jacob González, de cuatro años, si disfrutó la lectura, su cabeza asiente una, dos, tres, muchas veces. Reitera el sí.

leamos-siempre-2
“Maestra Desiré” entrega materiales a los niños como parte de la dinámica de cierre.

La niña que les invitó tiene nueve años, su nombre es Paola Díaz y fue la lectora invitada de la mañana. En su casa, le pidió a su madre que le construyera una biblioteca en lugar de un salón de juegos. Extrañezas de la niñez.

Esa mañana de abril, como de costumbre, la familia Cruz Sánchez llegó al parque con una nevera de hielo y jugos fríos, a fin de atemperar el sol que les ha acompañado en cada lectura comunitaria, desde que comenzaron a reunirse, en febrero de 2015. Bueno, no siempre ha dicho presente el sol. A veces se ha escondido, como ocurrió el primer sábado de septiembre.

El cielo pintaba azul, pero habían nubes. No eran todavía las once cuando el cielo se partió en dos. Llegaron gotas a la grama y a las toallas que, aunque ubicadas bajo un árbol, comenzaron a humedecerse. Algunos padres se despidieron y una madre echó a andar el coche de su niña. Otros, recuerdan Sánchez y Cruz, se quedaron allí. Entre regalos de agua. Como rindiéndose ante a la lluvia o tal vez entendiéndola. Agradecidos por la mañana de letras y quizás también por el chapuzón, ese que llegó justo cuando una niña acabó de leer. A veces cuando llueve no solo se filtran gotas desde arriba. También alegrías.

La autora es estudiante de Periodismo de la Escuela de Comunicación, Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Forma parte del curso de Redacción que colabora con el Seminario sobre Periodismo Comunitario que coordina el profesor Luis Fernando Coss.

  • I just want to tell you that I’m very new to blogs and seriously enjoyed this page. Almost certainly I’m going to bookmark your blog post . You absolutely come with terrific well written articles. Kudos for sharing your webpage.

  • William

    Les felicito, Adelante.

  • Ileana Laguna

    ¡Me encanta! Necesitamos más iniciativas como esta en el país. ¡Arriba la lectura!

compartir