El país tiene que ser  para todos, no para quienes  se han dado la gran vida explotando nuestros recursos naturales y humanos provocando por el camino esta quiebra.

E[c/dropcap]l 2 de mayo pasado mientras se terminaba de preparar  la documentación relativa a la presentación de la petición de quiebra del Gobierno de Puerto Rico ante el Tribunal Federal, el Gobernador Ricardo Rosselló Nevares ofreció una conferencia de prensa notificando lo que desde hace años se veía venir, y también procedió a andar por las aceras de la Milla de Oro, pendiente al recogido de los cristales y escombros causados por los incidentes violentos ocurridos el día anterior frente a dos de los edificios. Esos eventos ocurrieron después de la marcha y paro convocado por uniones obreras, estudiantes y grupos de la sociedad civil, entre otros,  ante el estado de situación del país. El recogido de los cristales y escombros., así como las reparaciones subsiguientes por mandato del Gobernador la estaban llevando a cabo empleados públicos. Nos preguntamos por qué si dichos daños fueron causados por delincuentes como el propio Gobernador los caracterizó, y si  así fue,  había necesidad de que se utilizara personal del Gobierno de Puerto Rico y durante sus horas de trabajo que se tienen que pagar para esa labor. En todo caso ese costo correspondería a los causantes de los daños,  y después de todo, los dueños de los edificios debieran contar  con pólizas de seguro para cubrir los mismos. Además,  ciertamente tienen dinero de sobra para hacer las reparaciones, así como el Banco Popular de Puerto Rico tiene dinero de sobra para pagar a sus abogados para poco después de la terminación de los eventos al medio día del lunes, haber presentado una demanda en el Tribunal Superior de San Juan contra decenas de personas y organizaciones por lo ocurrido ese día. Dieron curso a ese ataque judicial sin ni siquiera contar con prueba alguna de que los organizadores de la actividad hubieran propiciado personalmente los  actos de violencia. Veamos cómo los eventos del 2 de mayo,  la declaración oficial de la quiebra del Gobierno de Puerto Rico y la conducta del Gobernador son muestras de la quiebra de todo en el país.

Comenzando con Ricardo Rosselló, su gesto ante la banca del país en la Milla de Oro revela una quiebra personal de carácter ideológico y moral. Aquel candidato que se ufanaba en la campaña y después de ser electo de que la deuda pública se podía pagar, de que no había necesidad de acogerse a la quiebra y de que velaría por los más necesitados prometiendo que no habría despidos en el gobierno, por el camino hasta el 2 de mayo terminó el curso de todo lo contrario. La orden para que empleados públicos fueran a recoger los escombros y a hacer reparaciones sin necesidad u obligación legal  alguna,  revela del lado de quien verdaderamente está. Se arrodilla ante la banca y los intereses comerciales, financieros e industriales de Puerto Rico y sus abogados, contables y asesores, así como se ha arrodillado ante la Junta de Control Fiscal (JCF) para que represente a nuestro pueblo en el procedimiento de quiebras, y a quien le había pedido antes que ante el Congreso implorara por Puerto Rico, por medidas de desarrollo económico y por fondos para atender la crisis fiscal del gobierno. Los siete integrantes de la JCF no fueron electos en unas elecciones por los puertorriqueños. Quien fue electo fue él con una mayoría legislativa a pesar de que apenas alcanzó un 42% del voto. Sacó pecho en unas cartas ante la JCF y en declaraciones públicas hace unos meses atrás, pero a la hora de la verdad hizo lo que le requirió esa JCF y los que quieren buscar la forma de cobrar lo más posible de la deuda del Gobierno de Puerto Rico. Nunca se atrevió a seguir las palabras de José de Diego en su poema  En la Brecha, al referirse al  toro acorralado que muge, o al toro que no muge que embiste. Desde que asumió el poder ha quebrado sus promesas electorales en lo relativo al estado de situación del país  y ha estado sin un plan de país improvisando, tomando medidas de austeridad contra los pobres, los trabajadores,  la clase media y pronto contra los pensionados, sin contar con prueba alguna de que esas medidas habrán de encaminarnos a un futuro mejor. Lo hace además a pesar de las advertencias que muchos  economistas de Puerto Rico además del Premio Nobel de Economía, Joseph Stigltiz,  le han advertido al respecto. Y mientras improvisa también ha estado cogiendo palos de un gobierno republicano a quien poco le importa Puerto Rico, los puertorriqueños y cualquier pedido de estadidad. La crisis que tanto él como la mendiga residente en Washington D.C., advirtieron que habrían de crear tan pronto llegaran al poder para provocar nuestra admisión como estado se ha desvanecido como el fósforo que se prende y que uno ve achicarse hasta convertirse en una fibra de ceniza carbonizada cuando se apaga.  Lo de mendiga lo digo  sin ofender a quienes piden dinero y ayuda en las calles del país, pero eso es lo que ella hace en los salones y pasillos de mármol del Congreso, y eso es lo que han hecho todos los demás que han ocupado ese cargo desde que yo me acuerdo. A pesar de todos esos palos no se levantan porque no tienen dignidad. Su dignidad es la de lo único que quieren de la relación con los Estados Unidos de América, el dinero y la protección que esa relación les brinda para la vida de privilegios que disfrutan con sus cuates.

Del liderato del Partido Popular Democrático (PPD) vemos una quiebra particular, la del silencio por falta de ideas, por falta de un plan de país, por la forma en que se aferran a una ilusión, una mentira del pasado que nunca fue realidad, no obstante cuan clara ha sido la historia de Puerto Rico no desde el 1952, ni desde el 1940, sino desde el ataque de la Marina de Guerra de los Estados Unidos al Viejo San Juan el 12 de mayo de 1898 y la posterior invasión por Guánica el 25 de julio del mismo año. Desde que se empezaron a escribir informes de la Casa Blanca por unos comités de unas personas que nunca han venido a Puerto Rico para sentarse a conocer a los puertorriqueños de a pie y para ver qué piensan y sienten, la idea de un ELA mejorado ha estado recibiendo golpes y más golpes hasta el verano pasado cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró que el ELA es un territorio a ser administrado a gusto y gana de quienes formen parte del Congreso por una cláusula de su Constitución que le llaman la territorial. Poco después de esa opinión de ese Tribunal se aprobó una ley producto del capricho y arbitrio de ese Congreso y de quienes les pagan sus campañas y del Departamento del Tesoro de ese país, la Ley PROMESA. Tras esa Ley y desde entonces hasta el día de hoy hemos visto quien verdaderamente gobierna la Isla. Pero el liderato del PPD, dentro del marco de su quiebra, a pesar de todos esos palos no se levanta porque no tiene dignidad. Su dignidad es la de lo único que quiere de la relación con los Estados Unidos de América, el dinero y la protección que esa relación le brinda para la vida de privilegios que disfrutan con sus cuates.

El independentismo organizado en unas cuantas capillas, también está en quiebra. Lleva décadas viviendo de una ilusión electoral y de una Asamblea Constitucional de Estatus que nunca se va a organizar porque el resto del liderato político de la Isla no la quiere, ya que lo que quiere es competir cada cuatro años por alcanzar el poder de administrar la fiambrera gubernamental. Ese independentismo se ha olvidado de que la única salida es la de construir el país que queremos fuera del proceso electoral a través de unas redes económicas, sociales, culturales y políticas dentro del marco de un nuevo contrato social, un nuevo arreglo constitucional, que sirva de base para autodeterminarnos como personas y como pueblo,  ante quien nos ha pisoteado por más de un siglo y nos sigue pisoteando y ante el mundo. Solo a través de esa autodeterminación podremos librarnos de la quiebra. Así como don Pedro Albizu Campos decía que el Nacionalismo es la patria organizada para el rescate de su soberanía, hoy en día tenemos que reconocer que nuestra autodeterminación es nuestra organización para el rescate de nuestra dignidad como personas y como pueblo. Desafortunadamente, en eso ese liderato no piensa, y menos aún en la necesidad y urgencia de educar a nuestro pueblo en lo que a eso respecta y en que podemos ser capaces de autodeterminarnos y de levantarnos para darnos a respetar y para que se respete nuestra dignidad.

Socialmente estamos en quiebra. La drogadicción, el alcoholismo, el abuso contra la mujer, los niños y los pobres y el discrimen de infinidad de formas  nos ha afligido por décadas y ese abuso incluye el abuso institucional por parte del propio gobierno. Incluye el abuso por entidades de Puerto Rico y fuera de aquí, de carácter  privado que controlan las finanzas del país, nuestro comercio, nuestras industrias, nuestra banca y nuestros medios de comunicación.

No vivimos en comunidades saludables. No solamente sufrimos por la mala alimentación promovida a través de los medios de comunicación, pero sufrimos los efectos nocivos a nuestra salud  por la misma. No solamente sufrimos altos niveles de enfermedades fisiológicas, pero también sufrimos altos niveles de enfermedades emocionales. Si no se tiene plan médico ya no se cuenta con acceso a servicios de salud. Por otro lado  las aseguradoras se lucran de la salud que en lugar de ser un derecho humano se ha convertido en un negocio. La calidad de los servicios médicos ha ido en deterioro y hace más de una década sufrimos la fuga de cientos de especialistas médicos, lo cual provoca una reducción dramática en la atención médica de condiciones que requieren servicios especializados.

Económicamente la quiebra ha sido evidente desde hace más de diez años ante el número de ejecuciones de hipoteca, los niveles de desempleo, la dependencia de fondos gubernamentales para comer, para tener dónde vivir, para la salud, etc…, y la dependencia sobre la economía subterránea, tanto para trabajar honestamente como para vivir del trasiego de drogas, del lavado de dinero, de la corrupción, de la prostitución, del robo, etc…

En nuestra cultura queda un reducto de artistas en diferentes ramas de la vida de nuestro pueblo, escritores, atletas, maestros, profesores entre otros trabajadores del arte y la cultura,  que por décadas se han esforzado por defender esa puertorriqueñidad, ese sentido boricua que a pesar de los golpes que por más de un siglo nuestro pueblo ha sufrido, aún queda en la mente y el corazón de miles de nosotros. Pero ese trabajo no es fácil ante el estado de nuestro sistema de educación pública y privada y ante el estilo de vida y los valores que promueve tanto el gobierno como las empresas que controlan los medios de comunicación como la televisión, la radio, la prensa escrita y cibernética, los equipos de comunicación electrónicos, etc…

Podría seguir escribiendo en torno a todos los males que la quiebra total que vivimos nos afecta y agobia, males que tú lector vives día a día. Pero en nuestra Isla hay miles y miles de boricuas que no obstante esa quiebra, y no obstante las limitaciones que sufren a diario, se levantan todos los días a trabajar, a dar lo mejor de cada uno de ellos. Tratan cada día de superarse.  Muchos ya se han ido pero todavía quedan. Pero invito  a esos  que quedan y también a los que se han ido y mantienen una conexión física, emocional, familiar, social, económica y cultural con Borinquen, a que hagamos más. Tenemos que hacer un ejercicio de introspección a través del cual nos demos cuenta de que esta quiebra es inaceptable. No es digna. Tenemos que sentarnos a estudiar nuestra historia y que asumir la responsabilidad de autodeterminarnos como seres humanos y como pueblo,  asumiendo la responsabilidad por nosotros mismos y por nuestro prójimo boricua, para organizarnos y levantarnos para darnos a respetar y para construir el país que merecemos. Y ese país tiene que ser  para todos, no para quienes  se han dado la gran vida explotando nuestros recursos naturales y humanos provocando por el camino esta quiebra.

 

Por Roberto Maldonado Nieves

romn1960@gmail.com

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