La abolición que no llegó

La abolición que no llegó

Es uno de los pocos días feriados que quedan donde el sector privado trabaja.  Se celebró como últimamente se observan esos días en el país: sin pena ni gloria.

El 22 de marzo pasado se celebró un aniversario más de la abolición de la esclavitud en Puerto Rico que data del año 1873.  Es uno de los pocos días feriados que quedan en los que las agencias del gobierno de Puerto Rico están cerradas aunque  el sector privado trabaja.  Se celebró como últimamente se observan esos días en el país: sin pena ni gloria.  No obstante, en algunos medios periodísticos del país se publicaron algunas columnas relativas a ese tema.  Esta es una de ellas partiendo de la foto que sirve de introducción.

Cuando compramos un automóvil en Puerto Rico, el Departamento de Transportación y Obras Públicas expide para nosotros una licencia correspondiente al mismo.  En el documento aparece el nombre de la marca del vehículo, su modelo, año y color así como también su número de identificación, que consta de 17 números y letras seguidas.  Se supone que las piezas principales del vehículo como las puertas, el bonete, el baúl y el motor, cuenten con un sello o una marca que contenga ese número, y el mismo debe aparecer en la parte superior izquierda del panel de instrumentos del automóvil,  de forma tal que a través del cristal del frente se pueda ver el mismo fácilmente.  La licencia también tiene nuestro nombre y dirección, y si en la compra medió algún financiamiento, debe aparecer también el nombre del banco que prestó el dinero con alguna referencia en torno al número del préstamo.

Antes del 22 de marzo de 1873, el gobierno español de Puerto Rico de igual forma brindaba una licencia como esa para fines de acreditar el título de propiedad de una persona sobre cada uno de sus esclavos.  Ese documento es el que en aquel entonces se conocía como el Registro de Esclavos.  En él  se acreditaba el nombre del esclavo, su origen, sus señas físicas particulares, a qué se dedicaba y bajo qué dueño, y su valor si estaba empadronado.  Con esos datos contamos con una foto sin imagen de una persona  que no era más que un objeto, una cosa bajo la propiedad y control de otra persona.

En una de las  fotos que forma parte de este escrito,   vemos la imagen José Ramón, hijo de María Petrona Parrilla, soltero,  natural de Puerto Rico y residente  del pueblo de Hatillo.  Era  propiedad de un sacerdote, Don Juan de la Cruz David. !Quién pudiera creer que un sacerdote católico pudiera ser dueño de otra persona, y que a su vez se le refiriera en un documento oficial como “Don”!  Estaba coartado en cuatrocientos escudos, es decir, con esa suma de dinero José Ramón  podía comprar su libertad.  Tenía 21 años, era de estatura regular,  color trigueño, pelo negro, barba abultada y nariz regular.  En la otra foto de este artículo vemos la imagen de la esclava Adela.  Del Registro se desprende que   tenía 15 años.  Era de estatura creciente, color negro, pelo pasa, ojos negros, nariz chata y boca regular.  De acuerdo al certificado del Registro de Esclavos era propiedad de Don Erasmo de Porrata Doria siendo soltera, de oficio labradora e hija de Angela.  Forma parte del Registro de Esclavos del pueblo de Guayama, Puerto Rico.

El 22 de marzo de 1873 se abolió la esclavitud, adquiriendo estos dos esclavos y todos lo demás sometidos a dicha condición,  un estado civil de libertad pasando a adquirir los derechos  que las personas blancas que estaban en Puerto Rico en aquel entonces tenían entre sí y ante el gobierno de Puerto Rico y de España.  Partiendo de la premisa de que   una generación  ocurra cada 25 años, desde ese entonces hasta el presente han transcurrido 5.76 generaciones de puertorriqueños.  Considerando que  la abolición de la esclavitud constituyó un evento en la vida económica, política, social y cultural del país por virtud de la cual los negros alcanzaron no solamente la libertad,  pero también la igualdad,  debiéramos concluir que los esclavos negros alcanzaron no solamente la libertad civil, pero  con ella el trato digno debido a todo ser humano y el pleno disfrute de los derechos humanos reconocidos a toda persona en la humanidad, según la Carta de Derechos de la Organización de Naciones Unidas.

Como cuestión de hecho, con el paso del tiempo, porque tampoco fue súbitamente ni de repente,   los negros han hecho en nuestra historia importantes contribuciones a  nuestra nación y en particular en  el ámbito musical, literario  y deportivo, entre otros.  No obstante esas aportaciones, el progreso en lo relativo a la igualdad ha sido extremadamente limitado y ciertamente lento en los ámbitos políticos, económicos y sociales,  si tomamos nota de esa realidad a la  altura del siglo 21.

Como parte de una observación que puede parecer simplista pero que sirve de un punto de partida en lo relativo a nuestra población, de acuerdo al Censo del año 2010, y que ha estado llevando a cabo el gobierno de los Estados Unidos en su nación y territorios cada diez años y en Puerto Rico desde que nos invadieron, el 12.4% de nuestra población era de raza negra. Dicho porcentaje aumentó en comparación con el censo del año 2000 en el que el porcentaje alcanzó el 8%. El Nuevo Día, edición del 25 de marzo de 2011.   ¿Es ese cambio atribuible a que la población negra de la Isla creció durante esa década? ¿O será atribuible a que la mayor parte de los miles de puertorriqueños que migraron durante esa década eran blancos? Por otro lado, el censo se lleva a cabo a base de las personas que contestan el formulario que distribuye el Negociado del Censo en el que se le pide a las personas que lo contesten voluntariamente. Eso implica que las personas contesten el mismo no solo libre y voluntariamente, pero que además determinen por sí mismas cuál es su condición racial. De hecho el formulario distribuido en Puerto Rico en español, en la parte en la que se solicita la identificación racial de las personas que son objeto del censo, dispone para que quien contesta indique si forma parte de una de las siguientes tres categorías: blanca, negra o indígena (refiriéndose a las naciones indígenas norteamericanas),  además de otras alternativas relativas a las razas de Asia y del Océano Pacífico, y de un encasillado en blanco para que la persona identifique cualquiera otra.

El formulario no define lo que es una persona de la raza negra. Deja la definición en manos de quien contesta, pero eso crea un problema  para la persona que es objeto del censo. Si sus padres y su color caen dentro de lo que tradicionalmente se conoce como una persona negra, la contestación de esa parte del formulario puede ser relativamente fácil. Pero si quien contesta es producto de una pareja en la cual uno de los dos es blanco y el otro negro, ¿cuál sería la contestación de la pregunta? Si la mezcla entre razas data de más de una generación y el color de la piel de la persona no es blanco pero tampoco es negro, ¿racialmente qué es? No olvidemos también aquellas personas a quienes no les importa la identificación racial a base del color de la piel porque piensan que su raza es la puertorriqueña,  o aquellas que ante el racismo no quieren ser caracterizadas como negras independientemente de su color y de sus  facciones faciales.  Éstas son solo algunos de los problemas en torno a cuan acertado puede ser el resultado del censo en lo relativo al porcentaje de la población de Puerto Rico que es negra. Pero para fines de hasta dónde ha llegado la abolición de la esclavitud, vamos a partir de la premisa de que el censo ofrece una medida correcta del porciento de nuestra población que es negra, aunque mi opinión y la de muchos otros sea que ese número es menor al real.

Si visitamos las cárceles de Puerto Rico, sin lugar a dudas veremos que el porcentaje de las personas encarceladas que pueden ser caracterizadas como personas de la raza negra excede ese 12.4%.  Lo mismo podríamos notar de aquellas personas que viven en los residenciales públicos y en las comunidades pobres del país. Por otro lado, si tomamos nota de las estadísticas relativas al desempleo en Puerto Rico veríamos como por mucho el desempleo afecta más a los negros que a los blancos. De acuerdo a la Nota número 21 del Centro de Información Censal de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Cayey a base de una encuesta de la comunidad de Puerto Rico para el periodo del 2009 al 2013, la tasa de desempleo de la población negra era de 21.4% y la de la población blanca el 17.7%. Por otro lado, de los nueve jueces del Tribunal Supremo de Puerto Rico solamente uno es de raza negra, y ese ha sido el único desde hace más de 40 años. Del cuatrienio del año1988 al 1992 recuerdo al Secretario de Transportación y Obras Públicas, Hermenegildo Ortiz Quiñones y en la década del año 2000 al Lcdo. Víctor Rivera Hernández, Secretario del Trabajo. ¿Cuántos más desde el año 1992 han ocupado cargos en los gabinetes de todos los gobernadores? Hagamos además el ejercicio de ver dentro de aquellos jóvenes que no terminan la escuela superior en Puerto Rico, y qué por ciento de ellos son de raza negra en comparación con los de raza blanca. Hagamos el mismo estudio comparativo en lo relativo a las madres solteras y adolescentes de la década de 1970 para acá.

Y tomemos nota del principal periódico del país, El Nuevo Día. Desde hace varios años en todas sus ediciones cuenta con una sección de negocios. En la misma, la mayor parte de los reportajes parecen ser de relaciones públicas para negocios establecidos o por establecerse en el país, de foros sobre negocios y de vez en cuando alguna noticia o reportaje más o menos crítico sobre el mundo de los negocios o el estado de la economía de Puerto Rico. Hagan el ejercicio todos los días de tomar nota de cuantos retratos aparecen de hombres y mujeres de negocios o que tengan algún impacto en nuestra economía que pueden ser caracterizados por el color de su piel como negros. Más aún, tomen nota de la revista que ese periódico publica todos los domingos de nombre Magacín. En ella se reporta como si fueran grandes noticias, galas, fiestas de cumpleaños, quinceañeros o bodas espléndidas en clubes sociales de alto copete o en los salones de actividades de hoteles en los que pocos puertorriqueños pueden entrar por carecer del dinero para ello, pasarelas de modas, exhibiciones de joyerías, etc… En todas las notas aparecen decenas de fotos de personas posando para las cámaras, con grandes sonrisas, algunos con tragos en la mano, felices dentro de sus caras plásticas, y ajenas a los sufrimientos,  malestares y traumas por los que está pasando nuestra nación. Es la revista social que proyecta la vida de lo que se supone que todo puertorriqueño aspire a lograr  para alcanzar  el tope del éxito en la vida y en la sociedad.  Tomen nota de cada retrato de cada edición domingo tras  domingo, incluyendo los de los anuncios y cuenten cuántas caras lindas de mi gente negra, evocando la gran canción de Tite Curet Alonso (negro) cantada por el Sonero Mayor, Ismael Rivera (negro) van a encontrar. Hice ese ejercicio en la edición de esa revista del 26 de marzo de 2017. En la portada aparecían dos parejas. Los hombres vestían etiquetas, ropa que nadie se pone todos los días y que muy pocos hombres tienen en sus guardarropas. Las mujeres en trajes de gala que tampoco se pondrían todos los días, y ciertamente ni para ir de compras, y que muy pocas mujeres en la isla tienen en sus guardarropas.  En las fotos de la revista  aparecían unas 145 personas. Solo una de ellas aparentaba ser de raza negra. Ese es el .006 por ciento del total de las personas fotografiadas, es decir menos del uno por ciento. ¿Habrían estado los negros en esas actividades trabajando en la cocina, o de meseros?   No sabemos. Si estaban trabajando en esas actividades para la satisfacción y conveniencia de los retratados, no lo sabemos. No formaban parte del objeto de las fotos y mucho menos del propósito de la actividad. No eran dignos de ser retratados. Eran invisibles, tal y como se les hace invisibles no solo en nuestra sociedad, política y economía. Si en esas actividades estaban trabajando, ¿lo hacían por el salario mínimo, un salario a la altura del 2017 de hambre? ¿Los agasajados en esas actividades les pagaron una propina?  ¿O Se quedó con la propina el dueño del local que los contrató por el salario mínimo para que allí trabajaran? Y con estas notas no estoy planteando que a ese estilo de vida debemos todos necesariamente aspirar. Pero siendo ese el nivel de aspiración máxima del periódico escrito de mayor circulación de la Isla a base de sus suscripciones y compras, lo utilizamos como punto de referencia para ver hasta donde ha llegado la igualdad de la que tanto se habla como logro de nuestra sociedad.

Es evidente que la abolición de la esclavitud no ha llegado y que el racismo prevalece y con fuerza en nuestra sociedad, a pesar de lo que digan los libros de historia, las constituciones y  las leyes. Tenemos que reconocer que es un mal sistémico, y que el mismo parte del hecho de  que cuando se “abolió” la esclavitud, no se abolieron los prejuicios políticos, económicos, sociales y culturales utilizados para esclavizar a los negros desde que fueron traídos a las Américas después del genocidio cometido contra las naciones indígenas. Tenemos que reconocer que todos hemos sido cómplices de esos prejuicios generación tras generación, y de que mientras no confrontemos esos prejuicios y demos curso a la atención de las condiciones materiales y de poder socio económico, político y social, que promueven y reproducen generación tras generación ese racismo, jamás llegará a nuestra sociedad la verdadera abolición, no solo de la esclavitud, pero también del discrimen por razón de género, contra las personas con impedimentos, contra las personas de edad avanzada contra…. contra tantos sectores de nuestra sociedad, que son día tras día, discriminados, explotados, invisibles…..

Por: Roberto Maldonado Nieves

romn1960@gmail.com

 

 

 


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