Carlos Fort | fotos por José Vázquez
Carlos Fort recibiendo su diálisis en el Atlantis Healthcare en Guaynabo.| foto por José Vázquez

Mientras una máquina limpia y elimina los excesos de agua en su sangre, Carlos Fort, de 61 años, se recuesta sobre una camilla para recibir el tratamiento de diálisis durante cuatro horas. Su color es amarillento. Tiene manos fuertes y una mirada que contagia esperanza.

Carlos se ha dializado por nueve años. No obstante, su temple continúa sereno. El tiempo le ha enseñado que tener una enfermedad renal amerita de mucho cuidado, vibras positivas y un buen ánimo.

“Yo veo esto como si fuera un deportista. Bebo mucho agua. Me mantengo bien haciendo abdominales. Me cuido como si fuera un atleta”, dijo Carlos.

Al terminar su diálisis, Carlos sale directamente a su taller de mecánica automotriz para ajustar frenos, montar baterías, arreglar shock absorbers y orientar a sus clientes.

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Marcel Ayala | foto por José Vázquez

Marcel Ayala, de 35 años, recuerda como hoy esa noche oscura del 2008. Sus hijos estaban en la casa junto a su esposa mientras él se ganaba unos ‘chavitos’ extra tocando con su banda en Logan’s Pub. De repente sintió que la vista se le nubló y que todas las luces de la discoteca se apagaron. Una hemorragia detrás de la retina lo cegó temporeramente luego de 19 años de ser diagnosticado con diabetes y no tratarse. El alza en azúcar no sólo le afecto la vista, su vida cambió radicalmente al requerir ser dializado ya que sus riñones habían perdido parte de su funcionamiento.

“Yo no quería llegar a un centro de diálisis. Nadie quiere llegar aquí. En un momento de mi vida dije ‘yo jamás me voy a dializar. Prefiero morirme¨. Pero Marcel pensó en sus hijos, en la música y en la vida. No podía rendirse tan fácil tendiendo entre manos tantos proyectos musicales y su carrera como profesor.

Desde abril de 2014 Marcel se dializa en su hogar 20 horas a la semana. Está conectado al aparato de 8:00 de la noche hasta las 8:00 de la mañana. Luego parte hacia la universidad para impartir sus clases de cinematografía e ingeniería de sonido.

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Gladys Irizarry Rivera | foto por José Vázquez

Gladys Irizarry Rivera es una mujer energética que forma parte de un acotado sector que recibe diálisis a causa de una nefritis que comenzó a sus 13 años. Cabe destacar que la mayor parte de los pacientes renales son diagnosticados principalmente con diabetes o hipertensión.

Gladys sabía que sería paciente de diálisis en algún momento pero no pensaba que fuera a sus 46 años. Tuvo que echar a un lado las lágrimas para iniciar un proceso de vida distinto.

Para colaborar con la prevención de diálisis en la isla creó el grupo de apoyo “Centro y corazón renal de Caguas”. A pesar de esta iniciativa, Gladys asegura que es muy difícil llegar hasta las comunidades para educar sobre las enfermedades renales. “La gente no se deja orientar. La gente no acepta ni se une a la prevención”, señaló la paciente de diálisis.

Esta falta de interés entre los puertorriqueños no le quita las ganas a Gladys de continuar con su labor comunitaria. Todo lo contrario, su norte sigue siendo el mismo desde que comenzó hace dos años con su tratamiento: orientar a las comunidades para prevenir enfermedades.

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Gladys y Marcel, pacientes de diálisis, junto a la directora Ejecutiva del Consejo Renal, Ángela Díaz.
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