24_en-pequeno-
ilustración de Eva Vázquez

Hace aproximadamente seis años, se comenzó a hablar en Puerto Rico de Economía Solidaria, un concepto que conquistó un espacio importante a nivel internacional a partir del Primer Foro Social realizado en 2001, en Porto Alegre, Brasil. De este primer foro surgió la declaración “Otro mundo es posible”, que posibilitó a los foros sociales subsiguientes crear un espacio de búsqueda permanente para construir otra economía fuera de la lógica comunista y capitalista.

Desde este instante, se hicieron visibles investigaciones y discusiones iniciadas en los ochenta que conceptualizaban otra economía en América Latina. En estas investigaciones y producciones teóricas se destacan las aportaciones del sociólogo chileno, Luis Razeto; el doctor uruguayo, Pablo Guerra; el profesor argentino, José Luis Coraggio y el profesor brasileño, Paul Singer. Al comienzo de estas discusiones se generó un interesante debate epistolar entre ellos, donde dilucidaban cómo nombrar las experiencias económicas solidarias surgidas ante el salvajismo de las prácticas neoliberales desarrolladas a partir de la década del 70.

En este diálogo, por ejemplo, José Luis Coraggio puntualizaba que la economía es un acto natural humano y por tanto ésta debe nombrarse Economía Social. Por su parte, Pablo Guerra la llamó Socioeconomía de la solidaridad, mientras que Luis Razeto desarrolló el concepto de Solidaridad en la economía y Paul Singer enmarcaba estas experiencias bajo el nombre de Economía solidaria (Guerra, P.:2007).

No obstante, el denominador común de estas concepciones sobre la otra economía se fundamentaba en las experiencias vinculadas a la economía popular, la economía comunitaria y la economía del trabajo, todas ellas como expresiones civiles que se organizaron como reacción a la exclusión que genera el capitalismo. Asimismo, estas experiencias, entre otras, han servido de base para interrogar el discurso neoliberal consolidando un cuerpo teórico que ha permitido el desarrollo de una disciplina emergente llamada Economía social y solidaria.

Sin embargo, esta discusión me lleva a preguntarme cómo y por qué quedó imbricado el cooperativismo bajo estas conceptualizaciones a pesar de que ha teniendo experiencias propias desde 1844.  ¿Por qué no se debatió sobre la Socioeconomía de la cooperación, la Cooperación en la economía o la Economía Cooperativista? ¿Cuál es la diferencia entre solidaridad  y cooperación dentro del contexto económico aquí planteado? Este enigma me hace emprender un maravilloso viaje por el origen de las palabras, la convención social de éstas y la transformación que van teniendo con el tiempo.

La palabra solidaridad  proviene del latín solidus que significa firme, compuesto. La palabra latina solidus tiene su raíz indoeuropea de la palabra sol que significa entero y que la vemos presente en las palabras como soldado y salud. El sufijo dad indica cualidad como bondad o calidad (http://etimologias.dechile,net). Su significado entonces nos lleva a dos vías: una relativa a la fabricación de algo construido sólidamente y otra que nos conduce por el mundo de la jurisprudencia que significa “obligación contraída in solidum, es decir, mancomunadamente”.  En esta segunda concepción se desprende la exigencia de “compartir el destino entre las personas implicadas” (Elizalde Hevia, A.:2015)

Ahora bien, este es el origen de la palabra, ahora analicemos la convención social. Según el Diccionario de la Real Academia Española solidaridad significa “adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros”, “modo de derecho u obligación in solidum”. No obstante, este concepto fue fundamental en la filosofía y en la construcción de la modernidad a partir de los ideales de la Revolución Francesa (Blais, M.:2007). Los conceptos de libertad e igualdad fueron desarrollados en las primeras décadas de la modernidad pero no fue hasta muy recientemente que la solidaridad aparece como necesidad ante la irresponsabilidad colectiva de la humanidad con relación a la explotación de los seres humanos y de la naturaleza (Hinkelammert, 2001) y como desafío ante el desarrollo científico – tecnológico que tiene efectos adversos a escala planetaria (Michelini, D.: 2007). La solidaridad había quedado circunscrita al ámbito de las micro-relaciones humanas y fue excluida (no casualmente) del desarrollo económico moderno.  El avance del deterioro de nuestro medioambiente, el aumento en las enfermedades crónicas en los países industrializados y el hecho que el 46% de la población mundial viva en pobreza extrema (es decir, con menos de $2.00 diarios) son resultados de haber separado la fraternidad y la solidaridad en la economía. Por ello es que necesitamos desarrollar otras maneras de producir, otros modos de intercambiar y otras formas de relacionarnos.

Realicemos ahora un pequeño análisis del concepto cooperación.  Según el Breve diccionario etimológico de la lengua española (Gómez de Silva, G.:1985) la palabra cooperar también viene del latín cooperari que significa acción y efecto de trabajar juntos. El prefijo co significa con, reunión, unión y operari significa trabajar, operar. El sufijo ción  se refiere a la acción y efecto. Operari proviene de la palabra operarius que significa obrero, peón, jornalero, propio del trabajo.

Este breve análisis me permite inferir que el cooperativismo respondió a un contexto histórico donde la palabra obrero, trabajador, tenía un sentido que aún no había sido sustituido por el concepto de empleado que viene del francés employer que en su raíz significa enredar, enlazar, plegar. La sustitución de llamarnos empleados en vez de obreros representa una cambio en la significación de lo que hacemos a diario, de nuestro trabajo y nos distancia del significado original, que como hemos visto está dentro del concepto cooperar  (trabajar con). Siguiendo esta lógica de pensamiento, no estaríamos incorrectos en deducir que esta sustitución de palabras (obrero por empleado) trastoca el concepto de cooperación o cooperativismo, puesto que estaríamos confundiendo el trabajar con por enredarnos con, que evidentemente no es lo mismo.

En cambio, la economía de la solidaridad surge tras los efectos de este cambio conceptual para atender algunos estragos producidos por esta confusión y por el efecto de haber excluido la fraternidad de los procesos económicos. Por eso hoy, tanto el cooperativismo como la economía solidaria tendrían que enfrentar el capitalismo dando el sentido correcto a las palabras para diferenciar la propuesta económica capitalista de la propuesta económica de la cooperación y la solidaridad.

Este interesante camino laberíntico de las significaciones y el origen de las palabras lo hago con el propósito de darle contenido y densidad al cooperativismo y  a la economía solidaria para no debilitarlos cuando nos referimos a ellos. Entender con una cierta profundidad lo que decimos, nos sitúa en una  lugar distinto frente a la vida, en un mundo de palabras con contenido. Nos posiciona éticamente frente a un mar de significados y conceptos que nadie define y por consiguiente se convierten en conceptos de moda, y como moda, se desvanecen con facilidad. Por otro lado, cuando tenemos una comprensión de las palabras, más valor obtienen, y entonces nuestros actos cambian, cobran también un mayor sentido. Por ello, quisiera proponer que estemos atentos a lo que hay detrás de las palabras para hacer de nuestra cotidianidad una vida relacionada con lo que decimos y lo que hacemos y vinculada con nosotros mismo y con el otro.

No somos empleados, mucho menos somos empresarios, somos obreros, trabajadores, que trabajamos juntos construyendo algo sólido fuera de la lógica de la explotación y la plusvalía. Ese es el sentido del cooperativismo y de la economía solidaria.  Para finalizar, comparto lo que para mí es una preciosa definición de solidaridad para abrirla a discusión en los próximos minutos:

“El principio de solidaridad, recuerda, sobre todo, que en un conjunto ligado por un proyecto común, los actos de uno, ya sea de un miembro o de todo un grupo comprometen al conjunto de los mismos por sus consecuencias.  Invita pues, a la concertación a todos los niveles y a la responsabilidad de cada uno”. (Jacques Lacan)

Celebremos el mes del cooperativismo con actos sostenidos en palabras llenas.

*Este texto es una colaboración de la directora del Instituto de Cooperativismo de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras,  Grisell Reyes Núñez

compartir