El gran cineasta norteamericano Steven Spielberg, afamado por los grandes éxitos alcanzados en la industria del cine como director, productor y libretista a través de innumerables películas, fue uno de los creadores de la figura de Indiana Jones.  Esa figura corresponde a  un arqueólogo cuyas aventuras han sido materia de cuatro de sus películas.  En una de ellas aparece Indiana Jones (“Indiana Jones and the Last Crusade”) como adolescente en una cueva donde había unas reliquias que estaban siendo encontradas por unos buscadores de tesoros en un área desértica del estado de Utah.  Una de dichas reliquias correspondía a una cruz de oro conocida en la película como la Cruz de Coronado, quien era un explorador español de nombre Francisco Vázquez de Coronado, cruz que supuestamente contenía un pedazo de la cruz en la cual Jesucristo fue crucificado.  El joven Jones aprovechó la falta de atención de los buscadores de tesoros  y se llevó la cruz corriendo para escaparse de ellos.  El incidente  dio  curso en la película a una pequeña trama a través de la cual los buscadores trataban de capturar a Jones para quitarle la cruz que ellos habían encontrado.  En un momento dado, el jefe de los buscadores confronta al joven Jones para que le entregue la cruz  y Jones le increpa diciéndole: “!Esta cruz es un importante artefacto, debe estar en un museo!” (“!That Cross is an important artifact, it belongs in a museum!”).

 

Por otro lado, en la historia de la crónica deportiva norteamericana hubo  un importante periodista,  Leonard Koppett, que nació el 15 de septiembre de  1923, en  Moscú, Rusia y falleció el 22 de junio  de  2003 en la ciudad de San Francisco, California.  Estudió en  la Universidad de Columbia graduándose poco después de la Segunda Guerra Mundial,   y fue  reportero y columnista de The New Herald Review, The New York Post, The New York Times, The Peninsula Time Review y The Sporting News.  En el año 1981 publicó un libro de título “La ilusión del deporte y la realidad del deporte:   La perspectiva de un reportero de los deportes, el periodismo y la sociedad” (Sports Illusion, Sports Reality: the Perspective of a Reporter of Sports, Journalism, and  Society,  Houghton Mifflin Co., 1981). En dicho libro,  explica cómo el deporte forma parte de una industria de entretenimiento en la sociedad en  la cual como parte de la organización de dicho negocio a través de competencias deportivas y asociaciones de equipos conocidas como ligas, se crea en el público unas ilusiones.  Una de ellas corresponde a la ilusión de que sus atletas y sus equipos conquisten victorias.  Esa ilusión capta unas emociones en el público y un suspenso durante las competencias ante lo que pueda ocurrir, que a su vez capta el intelecto de los fanáticos.  La identificación de dichos fanáticos con sus atletas y sus equipos capta a su vez el espíritu de ellos.

En la medida en que a través de la práctica del deporte organizado, se rememora la historia de las competencias y de los campeonatos que se alcanzan a través de la crónica deportiva, la manera en que se captan las emociones, el intelecto  y el espíritu de los aficionados al deporte, provoca que la  participación de ese público sea año tras año una experiencia que va creciendo.  Dicho recuento  de la historia deportiva a través de la prensa, de libros, de documentales y películas  le brinda continuidad a la historia de la práctica y del auspicio por el público del deporte.  Aunque Koppett no llega al  extremo de expresar que dicha actividad constituye parte de una forma de expresión cultural de los pueblos, como cuestión de hecho se convierte en ese tipo de expresión,  no solamente a nivel profesional con la integración del público al auspicio de las ligas deportivas, pero también con la práctica del deporte a nivel aficionado por parte de ese mismo público.  Esa práctica se da   en particular por los niños y niñas y las y los  jóvenes por cuenta propia, cuando se reúnen en parques y canchas en las tardes o los fines de semana y en el verano. También se da  a través de la práctica del deporte en las escuelas o en ligas aficionadas infantiles, de adolescentes y de jóvenes, en las que ellos comparten social y culturalmente con sus amigos y familiares.  Ese  compartir  tiene además unos efectos sociales y económicos.

A través de esa historia deportiva y de la crónica de la misma aparecen figuras de atletas que llegan en la sociedad a contar con unos niveles de reconocimiento de carácter heroico y a veces hasta mítico por sus aportaciones en los deportes que practican.  Se  convierten incluso en importantes figuras por el ejemplo que dan no solamente con sus aportaciones deportivas, pero también con sus aportaciones sociales y económicas cuando hacen contribuciones  a proyectos benéficos. También, unos pocos  alcanzan notoriedad por sus excesos, vidas escandalosas o faranduleras  y a veces hasta delictivas. Pero afortunadamente los más, llegan al extremo de que los reconocimientos que reciben no solamente forman parte de la crónica deportiva a través de la prensa y a través de libros y películas, pero también a través del reconocimiento que se les brinda cuando premios recibidos por ellos, artículos deportivos, fotos y hasta uniformes que han tenido,  llegan a formar parte de piezas de museo o de valiosas y codiciadas piezas para coleccionistas.

Roberto Clemente Walker para Puerto Rico es una de esas figuras deportivas heroicas no solamente para orgullo de nuestro pueblo, el Pueblo de Puerto Rico, pero también para orgullo de la ciudad para cuyo equipo jugó durante toda su carrera como pelotero a nivel de las Grandes Ligas, la ciudad de Pittsburgh. Es un héroe además por sus logros para la historia del deporte del béisbol en general tanto dentro de Puerto Rico como en los países de Latinoamérica donde se practica ese deporte, y por supuesto en los Estados Unidos de Norteamérica.  Durante su vida ganó grandes premios y reconocimientos alcanzando logros que muy pocos peloteros han podido alcanzar. Fue parte de grandes historias a través de la crónica deportiva de Puerto Rico y de los Estados Unidos, y de él se han escrito varias biografías y se han publicado documentales. A lo largo del tiempo, como parte de su labor y de sus éxitos en dicho deporte,  adquirió una amplia gama de artículos memorables (conocidos como “memorabilia” en inglés) que incluye no solamente los premios a los que fue objeto, pero también  sus artículos deportivos, incluyendo sus uniformes, bates, guantes, placas y reconocimientos que hasta el presente ha guardado su familia.

Recientemente dicha familia anunció que habrá  de vender en una subasta que se llevará a cabo durante el fin de semana del Juego de Estrellas   en la ciudad de Miami, Florida,  parte de esos artículos  deportivos.  Según  una entrevista que le hiciera el periodista Bobby Angleró   a través del canal del Sistema  Universitario Ana G. Méndez a los hijos de Clemente y a través de una entrevista que los reporteros de El Nuevo Día Antolín Maldonado Ríos y Rubén A.  Rodríguez publicaron el 9 de mayo pasado (págs. 70-71), la familia de Clemente explica que el propósito de la venta de dichos artículos es el de recaudar fondos para unas organizaciones benéficas.  En los reportajes no detallan los nombres de las organizaciones  para quienes recaudarán fondos y añaden que también utilizarán los fondos  para continuar con  los proyectos relacionados a Clemente como la Copa Roberto Clemente que se llevó a cabo en Puerto Rico en el año 2016 en la que participaron unas universidades de Estados Unidos y de Puerto Rico y  el proyecto iniciado por Clemente a principios de la década del 1970 que corresponde a la Ciudad Deportiva.  Justifican además la decisión tomando nota de lo que uno de sus asesores expresa, Luis Rodríguez Mayoral, sobre cómo otras estrellas del béisbol norteamericano han puesto también en subasta parte de sus recuerdos memorables como Joe Dimaggio, Ted Williams, Yogi Berra, Brooks Robinson y Johnny Bench, entre otros.  Señala además  Rodríguez Mayoral  en la entrevista de El Nuevo Día que lo que habrá de hacer la familia de Clemente   no es algo distinto a lo que esos atletas han hecho, considerando además que esos premios la mayor parte de los peloteros cuando los reciben, se sienten glorificados por un tiempo, pero después se convierten en piezas de colección que ni les dan mantenimiento. Nos preguntamos si Rodríguez Mayoral tiene forma de saber si Roberto Clemente era ese tipo de atleta.

La comparación de Clemente con esas figuras referidas por Rodríguez Mayoral, y sin menospreciar las mismas, es completamente desatinada. Parece más un esfuerzo por justificar una decisión que si no alcanza el nivel de ser cuestionable, es ciertamente controversial.  Ninguno de esos peloteros se distinguió por representar a su pueblo como Clemente lo hizo por Puerto Rico.  Ninguno de ellos dio su vida como Clemente lo hizo no solamente por Puerto Rico al mantener el nombre de su patria en alto, pero también por otro hermano país, Nicaragua,  al morir frente a las playas de nuestra Isla el 31 de diciembre de 1972 mientras llevaba  ayuda de parte de los puertorriqueños a los damnificados  por el terremoto ocurrido en su capital, Managua.  Ninguno de ellos sufrió y se enfrentó con mucha valentía, fuerza  y carácter al racismo  no solamente sufrido en el deporte del béisbol por los negros, aún después de la hazaña lograda por Jackie Robinson en abril de 1947 al romper la barrera de color en las Grandes Ligas, pero también el racismo contra los puertorriqueños y los latinoamericanos, racismo que por su color y su origen nacional Clemente sufrió.  Y lo sufrió tres veces porque fue discriminado por ser negro, por ser  puertorriqueño y por ser  latinoamericano. No obstante, siempre dio más del cien por ciento como atleta, como profesional,  como ser humano y como boricua.  Y no lo hizo tratando de opacar a los demás.  Nunca hizo alarde de su fama ni de sus logros y habilidades.  Siempre se esforzó  por  hacer de sus Piratas de Pittsburgh  un equipo mejor,  y para que en el mismo sus compañeros siempre se pudieran superar.  Lo que expresan algunos de sus compañeros de equipo norteamericanos como Steve Blass, Al Oliver  y Bob Robertson en algunos de los documentales sobre Clemente es elocuente en ese sentido.  Igualmente elocuente fue la aceptación por él con gran humildad junto a su familia del homenaje al que fue objeto el 25 de julio de 1970 en el Three Rivers Stadium de Pittsburgh.

Es por ello  que la imagen y los artículos memorables  de Clemente trascienden el nivel de ser una pieza de colección,  debiendo formar parte de un museo en Puerto Rico,  y no de la codicia de un coleccionista que guardará privadamente dichas piezas haciéndolas formar parte de su orgullo personal,  y quizás además de sus estados financieros y el tráfico de dichas piezas y la especulación en el comercio.  La explicación que da el hijo de Clemente,  Luis Roberto Clemente Zavala,   en los reportajes referidos  es por ello desafortunada,  y la alternativa que él ofrece, la de la digitalización de cada una de las piezas mediante fotos para que pueda ser más “costoeficiente” no hace sentido alguno.  Una foto jamás ni nunca va a sustituir la forma en que en un museo las personas puedan apreciar cada uno de dichos artículos. Es desafortunado además equiparar dichos artículos a los de otros atletas que según Luis Roberto  se limitan a unos honores que se les entrega “cuando logran una hazaña, pero al mismo tiempo para los jugadores son artículos que prefieren que pasen  a otras personas como parte de su legado, para que se mantenga circulando”. ¿Acaso esos artículos son como los trenes o los taxis que tienen que mantenerse dando vueltas en una ruta para que alguien se monte en ellos?  Nos preguntamos  además si existe algún documento, escrito o grabación de la cual se desprenda que Clemente hubiese hecho uso de ese legado deportivo para mantenerlo “circulando” en el comercio de los coleccionistas y especuladores sobre  la alternativa  de que el mismo fuese parte del patrimonio de su pueblo.

Por otro lado, si de dinero se tratara, no tengo dudas de que si la familia de Clemente hiciera un llamado para recaudar fondos para legar esos artículos  a un museo en Puerto Rico, con aportaciones del pueblo puertorriqueño,  se pudiesen recaudar fondos no solamente para dicha obra, pero también para las obras de índole social a las que se refieren en el reportaje. Es notable tomar  nota de cómo incluso Luis Roberto expresa cómo ahora “la Asociación de Industriales está 100% poniendo a Ciudad Deportiva al frente” explicando según reporta Antolín Maldonado que dicha asociación endosará el proyecto,  recomendando a potenciales inversionistas del exterior para que inviertan capital en el complejo en Carolina.  Si están en la disposición de hacer una aportación para la Ciudad Deportiva, no vemos por qué no pueden hacer lo propio para que ese patrimonio pueda ser compartido con el pueblo puertorriqueño en un museo para honrar a Clemente y además  al deporte puertorriqueño en general, porque no creo que Clemente hubiera querido un  edificio para vanagloriar su memoria. Era extremadamente humilde y generoso para tal cosa. De seguro, así como percibía su sueño como una ciudad deportiva, hubiera percibido el museo como uno para honrar la historia del deporte puertorriqueño. Ese podría ser un  lugar  en el que no solamente los puertorriqueños, pero gente de todo el mundo podría   venir a aprender de la experiencia de vida de él y de la historia del deporte puertorriqueño, pero también para hacer trabajos de investigación sobre su legado y su vida.

Finalmente, es importante tomar nota de cómo se considera usar  parte de los fondos que recauden en la subasta para llevar a cabo obras para financiar proyectos de ayuda social, como una academia de béisbol en Haití, y algunos otros proyectos en Nicaragua que no especificó Luis Roberto, haciendo además referencia a unas reuniones que ha tenido con el lanzador nicaragüense Dennis Martínez para realizar algunas obras allí.  Es encomiable dar la mano para asistir a las personas necesitadas de la república más pobre de Latinoamérica, Haití,  y para dar la mano a los nicaragüenses en la actualidad.  Pero si un país y una juventud necesita mucha ayuda en estos momentos, es la juventud y la niñez puertorriqueña.  El desvío de la  atención a nuestra niñez y juventud  es preocupante en ese sentido,  así como la falta de claridad  en lo relativo a los detalles particulares en torno a  cómo se habrá de invertir el  dinero recaudado en la subasta.   Estamos apenas a un mes de la celebración de la  misma.  Está por verse si la familia de Clemente habrá de reflexionar en torno a la decisión que ha tomado.

Por Roberto O.  Maldonado Nieves

                                                                                    romn1960(a)gmail.com

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