IMG_8845Como si el país no tuviera suficientes crisis que atender, súmele ahora la del agua. Los efectos nefastos del cambio climático, inducidos principalmente por las actividades industriales de países desarrollados, llegaron para quedarse. Hace tiempo que suenan las campanas pero todavía hay países, funcionarios, ejecutivos de empresas y gentes que se empecinan en mirar para el otro lado. Otros lo hacen echando culpas sueltas incluyendo a un Dios que nos castiga y hay que temerle.

Maltratar a la naturaleza cuesta, y eso es otra cosa. El precio es alto cuando se destruye el espacio de vida.

No hay peor ironía que la de los daños auto-infligidos, esos que provocamos por la pobre planificación y el mal uso de los recursos naturales. ¿Por qué poco a poco destruimos las cuencas hidrográficas que abastecen nuestros embalses y luego pretendemos tener agua infinita? Sí, hay déficit de lluvia pero, sufrir racionamiento de agua en tiempos de sequía moderada, refleja el grado de deterioro de nuestra infraestructura. ¿Cómo sería si tuviéramos que enfrentar una sequía extrema como las que se predicen cada vez con más frecuencia? Pregúntele a quienes se sirven del embalse Carraízo, un calvario.

Por lo pronto, agradecemos al Bosque El Yunque que aún mantiene cierto caudal mínimo paliativo para muchos. Sí, ahora nos damos cuenta del problema pero, por varios años consecutivos de poca lluvia en la mitad este de nuestra isla, ha sido ese –uno de nuestro emblemáticos bosques– el que ha amortiguando el duro golpe de estos tiempos de escasez. Las cicatrices de esta larga batalla ya se expresan en sus ríos con mucho menos agua, pero el bosque sigue allí y, así, la posibilidad de vida para la región.

Igual que sufre la sociedad por el racionamiento del agua, el riesgo al desarrollo económico es muy peligroso. No sé que hace una empresa biotecnológica ubicada en Juncos cuando le suben el costo de la luz o el Gobierno decide imponer una contribución nacional. Por lo pronto están allí y opciones existen para manejar esas variables. Lo que sí me pregunto es qué hará esa compañía o cualquier industria farmacéutica si le informan que no hay agua para manufactura, que el Gobierno no puede garantizar que llueva y que, para su seguridad hídrica, la cuenca tiene una pobre cobertura boscosa. Esa deficiencia podría ser la clave de recoger maletas e irse sin mayor contemplación.

¿Entonces qué? ¿Cómo logramos la seguridad hídrica?

Primero, tenemos que reconocer nuestra verdadera infraestructura verde e identificar aquellas zonas que requieren restauración. Por ejemplo, las cuencas de Carraízo y La Plata apenas cuentan con 35 y 37 por ciento de cobertura boscosa. Eso las hace muy vulnerables. ¿Podremos aspirar a devolverle un mínimo de 50 por ciento de cobertura boscosa en esa búsqueda de seguridad hídrica? Esto podría ser una meta inmediata para ofrecer ciertas nuevas garantías a la gente y a las actividades económicas que se desarrollan en esa parte de la Isla. Aspirar a mayor cobertura boscosa tiene el otro beneficio de reducir la sedimentación de los embalses. Dragar para aumentar su capacidad de almacenaje se convierte entonces en una acción complementaria. Dragar sin proteger la cuenca es una mala inversión, tiene que ir en conjunto a esa mirada a nivel de paisaje de la región.

Por supuesto, proteger las cuencas hidrográficas saludables de la mitad oeste del país es también fundamental. Esas están subsidiando con agua a la zona metropolitana. Re-proponer, como hacen algunos economistas, gasoductos o la minería por los nacimientos principales de nuestros ríos en la Cordillera son pensamientos verdaderamente suicidas.

Por otro lado, echarle la culpa a la gente del problema cuando se pierde más de la mitad del agua que se potabiliza de nuestros ríos y embalses representa otro carimbo de injusticia. ¡Cómo nos gusta mirar las ramas y estigmatizar a nuestra gente! ¿Qué esperar del consumo individual cuando estas corporaciones monopolistas como la AEE y AAA venden y quieren vender más su producto para satisfacer los pagos a sus acreedores? El Gobierno ha sido el primero en promover una cultura de alto consumo y ahora, ante sus deficiencias de manejo del recurso, así de pronto esperan un cambio cultural mágico de uso del agua. Bien, muy bien ha respondido la gente con tan poco. Vamos, reconozcamos nuestra adaptabilidad.

Un buen referente es el abuso de la quebrada AEE. Agobiados con el tema de inseguridad energética, los ciudadanos han buscado formas de independizarse o reducir su dependencia de la corporación pública. Técnicamente, es viable con paneles fotovoltaicos en una isla donde el sol no escasea. La generación alterna con uso más eficiente de la energía y un ajuste cultural de consumo justo le han servido bien a la aún minoría de personas que han logrado hacer la transición. Definitivamente, queda mucho camino.

Reducir la dependencia del agua es más sencillo y económico que el tema energético. Está al alcance de todos, pero ese ajuste también requiere de un uso más eficiente con un consumo justo del recurso. En Puerto Rico, un déficit de lluvia no significa que la Isla vaya a estar completamente seca. Seguimos siendo afortunados en el ámbito ecológico.

Recolectar agua era pan nuestro de cada día antes de la AAA. Aljibes como el que se encuentran en la parte posterior de Casa Pueblo o en muchas casas del Viejo San Juan eran la norma. Recoger agua de lluvia de los techos y almacenarla es sencillo y no se necesitan 18 pulgadas de un aguacero para recargarlas. Un chubasco es casi suficiente para una familia.

¡El agua de lluvia es agua destilada natural! Puede potabilizarse con un filtro y, de ser necesario, se puede clorinar, como las piscinas, para su desinfección. Si usted usa el agua recogida para el riego de sus plantas y jardines, los baños y el lavado de ropa, por ejemplo, entonces reduce ese consumo que le facturan mensualmente. Por lo tanto habrá más agua disponible para enfrentar tiempos extremos como los que parecen asomarse en este momento. Técnicamente, esto no es complicado. Se trata de plomería elemental, mecánica básica, entendimiento de las leyes de la gravedad y distribución a corta distancia con, por ejemplo, una manguera.

En resumen, necesitamos usar el líquido de una manera diferente. Podemos hacer ajustes también con inodoros ecológicos que requieren mucho menos agua para funcionar y también ajustar hábitos en los quehaceres del hogar. Desalinizar es una propuesta literalmente cien veces más costosa e innecesaria. El Gobierno no puede garantizarnos que lloverá donde ellos quieren para llevarle agua a usted. Pero nosotros podemos romper las dependencias, eso nos hará libres.

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  • Estrella

    Si Puerto Rico necesitara cualquier información o entrenamiento sobre desalinizacion que vayan a los expertos de mi tierra en Las Palmas de Gran Canaria. Nosotros llevamos muchisimos años (toda mi vida y mas) viviendo con potabilizadoras porque en las islas cae muy poca lluvia. Profesionales de otros paises han venido a aprender el montaje, las operaciones de la desalinizadora. Siento que sea un medio caro.

  • DENNIS NATAL

    TENEMOS EL SEGUNDO RIO SUBTERANEO DEL MUNDO DEJEN AL COLEGIO DE MAYAGUES QUE LO EXPLOREN Y GENTE CONCIENTES DE NUESTRO PAIS NO COMPANIAS ESTRANGERAS EL TALENTO LO TENEMOS. EMBALSES- – PESCA – TURISMO – ACAMPAR- SE LE PUEDE VENDER AGUA A MUCHOS.. TODO COMO FUENTE DE INGRESO Y EMPLEO PARA MUCHOS. EN MANOS / N U E S T R A S

    • Estimado Dennis Natal: Saludos.

      Desafortunadamente, es una falacia el “boricuazo” de que el sistema del Río Camuy incluye el “segundo río subterráneo del mundo”. Es fácil documentar que en el sur de Méjico y el norte de Guatemala (dónde existen zonas de karso cientos de veces del tamaño de la del norte de PR donde ubica el Río Camuy), discurren varios ríos subterráneos de mucho más caudal y longitud. En el estado de Kentucky al sur de Lousiville discurre el Río Verde (“Green River”) por el sistema de cavernas “Mammoth”, con una longitud casi como el largo de PR. Y podríamos ir a las grandes regiones del karso en China y encontrar varios de mucha mayor extensión y caudal. así como en Yogoeslavia. Es también una falacia que el Camuy tiene un gran caudal. Su cuenca es pequeña y en comparación con los ríos más caudalosos de PR es el número 13 en la isla. En el siguiente enlace puedes mirar una comparación del caudal promedio anual de los ríos principales en PR, y el Camuy es del tercer orden:

      https://www.dropbox.com/s/z77wguz03uh800f/Caudal%20Promedio%20Anual%20Rios%20en%20PR%20to%202013.jpg?dl=0.

      También, si te interesa conocer un poco más de su cuenca y el uso de agua (que demuestra que el exportar agua del Camuy no es viable por el volumen limitado para uso en el pueblo de Camuy y flujos ambientales), el siguiente enlace te lleva a un escrito sobre la cuenca en mi página “Recursos de Agua de Puerto Rico”:

      https://www.dropbox.com/s/lasljbq9uxvd7gz/Cuenca%20del%20R%C3%ADo%20Camuy%20rev19Jul14.doc?dl=0.

      Cordialmente,

      Ferdinand Quiñones

  • Gracias por su mensaje. Sedimentación de los embalses es un proceso natural que se agrava cuando se mal utilizan los espacios de la cuenca hidrográfica. ¿Habrá que dragar? Sí. ¿Existen mejores ejemplos de ingeniería para almacenar agua y reducir sedimentación o su remoción? Sí, como el nuevo embalse de Fajardo. Sin embargo, este escrito es uno de seguimiento a otro publicado recientemente ‘Agua, racionamiento y economía forestal’ (http://puertoricotequiero.com/agua-racionamiento-y-economia-forestal/) construyendo énfasis en el uso de los espacios con mayor cobertura boscosa para aumentar flujos mínimos y reducir sedimentación. ¿Queremos más represas río arriba del embalse o debemos usar nuestros recursos limitados para promover más bosques? Puerto Rico tiene la densidad más alta de represas que país alguno. Las mini-represas que propone atienden a un costo elevado sedimentación del embalse primario a corto plazo, pero no reduce la tasa de sedimentación de la cuenca, ni mejora los flujos mínimos, ni tiene beneficios añadidos como otros servicios ecológicos de aumentar cobertura boscosa. ¿Sequías antes, ahora y en el futuro? De acuerdo, y el Efecto del Niño y otras causas, pero cambio climático está más que que documentado y el escrito no es para dirimir ese tema. Mi correo es amasol@gmail.com.

    Arturo Massol Deyá

    • Estimado Dr. Masol: Gracias por su respuesta a mis comentarios sobre alternativas para una seguridad hídrica en PR. Con todo respeto, concluyo de sus comentarios que no entendió mis argumentos cuantitativos sobre las razones que esta sequía del 2015 (al igual que la del 1994) es extraordinaria al nivel de que ni el dragado ni la reforestación la pueden aliviar. Tampoco creo entendió que el foco de la seguridad de abastos de agua tiene que ser a corto plazo el control de las pérdidas en los sistemas de almacenaje y transmisión de la AAA (que pierden casi el 50 % del agua potable). Y a plazo intermedio, una combinación de reforestación combinada con medidas de control de erosión y transporte de sedimentos combinada con un plan de dragados a largo plazo en los embalses críticos (Carraízo, Dos Bocas, Lucchetti, y La Plata, en ese orden de prioridad).

  • Estimado Dr. Masol:

    Saludos desde Tennessee. Leí con gran interés su artículo sobre la crisis en los abastos de agua en PR en consecuencia de la sequía en progreso. Su escrito apunto certeramente a varios factores que contribuyen a complicar el problema, particularmente las pérdidas en los sistemas de almacenaje y distribución de agua potable de la AAA. Como bien dice, las pérdidas reales son aproximadamente el 50 % de la producción. Y acierta en cuanto a los efectos de de-forestación en la generación y transporte de sedimentos hacia los ríos y embalses (aunque un estudio llevado a cabo por el USGS en 1985 en el Bosque de Carite demostró que lluvias de alta intensidad y duración pueden causar derrumbes y erosión masiva en cuencas boscosas generando tanto o más sedimentos que en las cuencas “desmontadas”.

    Sin embargo, con todo respeto opino que su posición relativa al dragado de los embalses no es totalmente correcta. Y es que se ha creado el espejismo en PR que todos los embalses se diseñan y construyen para atender estas sequías extraordinarias. Y no es el caso, particularmente con Cidra, La Plata y Loíza (Carraízo). Estos son embalses pequeños cuyo rendimiento seguro depende gran parte del año de la escorrentía de los ríos que los nutren, no solamente del almacenaje. Su pérdida de capacidad es un factor importante para atender las sequías normales anuales, pero no las extraordinarias. Es fácil demostrar con un análisis de agotamiento de estos y otros embalses en PR que en sequías en exceso de 120 días, el flujo es totalmente inadecuado para mantener las extracciones y se agota el almacenamiento como ha ocurrido al presente. Dragar los embalses es necesario para atender estas sequías anuales, pero irrelevante para las sequías extraordinarias.

    Coincido que se necesita un programa masivo de control de pérdidas y de re-forestación de las cuencas para reducir la erosión. He propuesto en varias ocasiones implantar lo que hace el USFS en varios parques nacionales en EU donde la erosión es elevada, y que consiste en construir cientos sino miles de mini-represas en quebradas y riachuelos para retener los sedimentos antes de que lleguen a los ríos y embalses. Pero esto es solo parte del cuadro.

    Entiendo de su escrito que apoya la creencia de que cambios climáticos locales (zonal o en cuencas) o regional en el Caribe, han inducido un aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías. Esta interpretació, si la entiendo correctamente, no es cierta. Los datos históricos de lluvia promedio anual del NWS para PR desde 1940 al 2014 no documentan una reducción en la tendencia acumulativa (“running average”) de lluvia en PR. En el 2014 la lluvia promedio fue de 58.48 pulgadas, lo que si es menor que el promedio histórico de unas 70 pulgadas. Evalué escenarios de tendencias acumulativas de 2, 5 y 10 años (si tuviera acceso a su email con placer le puedo remitir los datos y gráficas), y en ninguna de estas series se observa una reducción en la lluvia promedio anual para la isla. Sequías severas periódicas se observan de los datos del NWS en 1947, 1957, 1967, 1976, 1991, 1994, 1997 y la vigente (con menos todas de 50 pulgadas anuales). Reconozco que existen micro-climas y las sequías más severas son regionales, y preparo un análisis que adelanto demostrará que en las cuencas críticas para abastecer agua a la población, tampoco existe una tendencia de reducción de lluvia. Puede comunicarse conmigo al email arriba (fquinon@msn.com) para enviarle los datos y análisis que cito.

    Cordialmente,

    Ferdinand Quiñones

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